Postales de Los Ángeles: Entre el glamour inalcanzable, la sazón de la calle y las estrellas

Viajar a Los Ángeles es enfrentarse constante y fascinantemente a un juego de contrastes. Es una ciudad donde el lujo más estrafalario convive pared con pared con la calidez del trabajo diario, y donde el verdadero espectáculo muchas veces ocurre lejos de las pantallas de cine. En este recorrido por cuatro de sus rincones más emblemáticos, les comparto cómo se vive la experiencia desde la mirada del viajero curioso.

1. Hollywood Boulevard: Pisar la fama y saborear la calle

Hollywood Boulevard es, ante todo, un lugar para curiosear. Caminar por sus banquetas implica ir esquivando turistas mientras miras hacia el suelo buscando nombres conocidos en las famosas estrellas del Paseo de la Fama. Entre tiendas repleta de recuerdos, figurillas doradas del Oscar de plástico y recuerditos de todo tipo, la avenida respira un bullicio constante.

Pero el verdadero toque auténtico de la visita no está en las tiendas de souvenirs, sino en la calle. Al caer la tarde, el aroma de la comida te guía directo hacia un camión de comida atendido por paisanos mexicanos. Nada supera la experiencia de pedir un clásico hot dog envuelto en tocino, preparado al momento y servido con todo su cilantro y cebolla asada. En medio del brillo hollywoodense, ese bocado te reconecta de inmediato con el sazón, la amabilidad y la esencia del mexicano.

2. Rodeo Drive: La vitrina del lujo astronómico

A pocos minutos de ahí, el escenario cambia drásticamente. Rodeo Drive ofrece un interesante paseo por el corazón de la opulencia. Aquí la dinámica no es comprar, sino merodear y admirar las vitrinas de las marcas más exclusivas del mundo.

Es imposible caminar entre sus impecables aceras sin que te asalte el asombro o una risa incrédula al ver los precios. Contemplar un reloj Santos de Cartier exhibido con elegancia te hace preguntarte inevitablemente: ¿quién será capaz de invertir más de un millón de pesos en un reloj? En Rodeo Drive, la moda se convierte en una galería de arte inalcanzable para el peatón común, pero curiosa de atestiguar.

3. Beverly Hills: La ilusión de las celebridades

Continuando por el vecindario, Beverly Hills nos recibe con su emblemático letrero, una postal clásica que parece rescatada directamente del pasado. Sus avenidas arboladas y calles infinitas albergan algunas de las propiedades más costosas del planeta.

Sin embargo, para el visitante que sueña con ver de cerca la vida de las celebridades, la realidad es bastante más sobria: lo único que alcanzas a apreciar desde la calle son imponentes casetas de vigilancia, altas rejas y enormes bardas cubiertas de plantas espesas diseñadas para blindar la privacidad de sus famosos dueños. Aun así, recorrer sus calles tiene un encanto singular, ver casas de súper lujo a pie de calle que en México solo podrían existir al interior de un fraccionamiento o convertidas en embajadas en Lomas de Chapultepec.

4. El Observatorio Griffith: La mejor recompensa en lo alto de la colina

Para cerrar con broche de oro, la cita obligada es en el Observatorio Griffith. La aventura comienza desde la llegada: dejas el auto estacionado en una calle con declive bastante pronunciado y, tras pagar los 40 dólares de estacionamiento, te espera una caminata cuesta arriba de unos 200 metros hasta llegar al imponente edificio situado en la cumbre.

A pesar del esfuerzo físico y la pendiente, vale totalmente la pena.

El edificio en sí es una joya arquitectónica. En su interior te recibe el impresionante péndulo de Foucault, cuya oscilación constante te demuestra en vivo la rotación de la Tierra, un espectáculo hipnotizante tanto para niños como para adultos. Además, su planetario ofrece una experiencia inmersiva fascinante sobre el cosmos. Y cuando sales a las terrazas, te encuentras con la recompensa final: una vista panorámica e inolvidable de toda la cuenca de Los Ángeles perdiéndose en el horizonte. Además con algunos telescopios te dejan mirar la luna, Venus y alguna que otra estrella.

Un Día entre Océano, Cine y Realidad: Mi Paso por las Playas de Los Ángeles

Visitar Los Ángeles siempre viene cargado de expectativas cinematográficas, pero la realidad tiene sus propios matices. En mi reciente viaje me enfoqué en la costa, donde el pacífico te recibe con una combinación curiosa: un mar verdaderamente frío, pero bajo un clima cálido y soleado que invita a quedarse.

Decidí visitar dos playas emblemáticas y el contraste entre ambas no pudo ser mayor.

1. Santa Mónica: Entre la Luces del Muelle y la Nostalgia del Cine

Santa Mónica es, sin duda, la cara más mediática de LA. El icónico muelle con sus luces, la feria y la mítica montaña rusa valen totalmente la pena para sentarte a ver el paisaje y sentir la vibra angelina.

Sin embargo, hay un choque inevitable de expectativa contra realidad: el famoso andador de patinadores. Creces viéndolo en las películas como un lugar vibrante, lleno de energía y glamour retro, pero en persona resulta ser un escenario bastante más sobrio, incluso algo triste. Aún así, pasear por el muelle sigue siendo una parada obligada para palpar el ritmo de la ciudad.

2. El Matador Beach en Malibú: Naturaleza Imponente

Si Santa Mónica es el bullicio urbano, El Matador Beach en Malibú es todo lo contrario: pura naturaleza dramática.

Las rocas en El Matador

Ubicada a las faldas de una barranca, el acceso exige descender hacia una franja de arena custodiada por enormes formaciones rocosas que emergen del agua. Las rocas gigantes interrumpiendo el golpe del oleaje crean un paisaje visualmente impresionante y perfecto si buscas una experiencia costera más salvaje y fotogénica.

Veredicto: Si tienes poco tiempo, Los Ángeles te obliga a elegir. Pero combinar la energía popular de Santa Mónica con el paisaje imponente de Malibú te da una radiografía completa de lo que la costa californiana realmente es (sin filtros de película).

La progresión con acorde disminuido, un ejemplo beethoveniano

Una de las mayores enseñanzas que deja Beethoven es que la armonía no consiste únicamente en encadenar acordes “correctos”, sino en conducir las voces de manera convincente. Un fantástico ejemplo aparece en el compás 4 del primer movimiento de la Sonata para piano n.º 14, Op. 27 n.º 2 (“Claro de Luna”).

A primera vista, la sucesión de acordes parece inusual:

G♯sus4 → B♯°/F♯ → C♯m

Muchos músicos podrían interpretar el segundo acorde como Cdim/G♭, ya que es enarmónicamente equivalente. Sin embargo, Beethoven lo escribe como B♯ disminuido, y esa decisión no es un simple detalle ortográfico: revela su verdadera función armónica.

El acorde suspendido

La progresión comienza con G♯sus4, el acorde dominante con la tercera sustituida por la cuarta.

En términos funcionales:

G♯sus4 = Vsus4

La expectativa natural sería resolver inmediatamente a G♯7 y después a C♯ menor.

G♯sus4 → G♯7 → C♯m

Pero Beethoven evita la resolución directa.

El acorde de sensible

En lugar de resolver el acorde suspendido, introduce un acorde disminuido:

B♯°/F♯

Este acorde cumple la función de acorde de sensible (vii°⁶) de C♯ menor.

Su construcción es:

  • B♯ (sensible)
  • D♯
  • F♯

Es importante notar que escribir B♯ en lugar de C permite comprender inmediatamente su función: la nota tiende naturalmente a ascender hacia C♯, la tónica.

La conducción de voces

La verdadera belleza del pasaje no está en el nombre de los acordes, sino en el movimiento de cada voz.

VozMovimiento
B♯C♯
D♯E
F♯G♯

Cada nota avanza por grado conjunto hacia una nota del acorde de tónica.

Esta economía de movimiento produce una resolución extremadamente suave y expresiva.

¿Es una progresión común?

Si observamos únicamente los cifrados

G♯sus4 → Cdim/G♭ → C♯m

la progresión parece poco habitual.

Sin embargo, entendiendo el contexto tonal y escribiendo correctamente el acorde como B♯°/F♯, se convierte en un procedimiento perfectamente coherente dentro del lenguaje armónico clásico.

Más aún, constituye un excelente ejemplo de cómo Beethoven privilegia la función armónica y la conducción de voces sobre la apariencia superficial de los acordes.

Una lección para compositores

Con frecuencia buscamos acordes “originales” para enriquecer una progresión. Beethoven demuestra que la expresividad no depende necesariamente de utilizar acordes exóticos, sino de la manera en que las voces se desplazan entre ellos.

Un acorde disminuido colocado en el momento adecuado puede generar mucha más tensión que una cadena de acordes complejos.

Quizá esa sea una de las lecciones más importantes del Claro de Luna: la emoción nace del movimiento interno de la armonía, no de la cantidad de alteraciones escritas en el cifrado.

La progresión en los primeros 21 compases

Si revisamos los acordes en la primera parte observamos algunos datos interesantes, veamos la figura abajo:

C#m | C#m/B | A | D#7 |
G#7 | C#m/G# | G#sus4 | B#°/F# |
C#m/E | G#7/B# | C#m | F#m |
E/B | B7 | E | Em |
Emb9 | C | Em6 | G#7/B# |
Bm | C#°/E | Bm/F# | F# | B

Los acordes uno a uno tienen la función que a la derecha se menciona:

AcordeFunción
C#mi
C#m/Bi⁴₂ (tónica con séptima en tercera inversión) o simplemente tónica con bajo descendente
AVI
D#7V⁷/V (dominante de G#)
G#7V⁷
C#m/G#i⁶₄ (tónica sobre la dominante)
G#sus4Vsus4
B#°/F#vii°⁶/i (acorde de sensible en primera inversión)
C#m/Ei⁶
G#7/B#V⁶₅
C#mi
F#miv
E/BIII⁶₄
B7V⁷/III

De aquí vemos como hay una modulación hacia Mi mayor:

AcordeFunción
EI
Emi (cambio modal: Mi menor)
Emb9i(add♭9) (color expresivo)
CVI
Em/Gi⁶3
G#9/A#V9 de C#m (grado conjunto para modular a Bm)

Finalmente se mueve a Si menor en estos últimos acordes:

AcordeFunción
Bmi
C#°/Eii°⁶
Bm/F#i⁶₄
F#V
BI (si decides terminar en mayor, es una tercera de Picardía) o V/IV si la pieza continúa.

Evidentemente sabemos que la pieza continúa pero no es intención agotar el tema en este texto, en este punto se dará cuenta el lector de la riqueza armónica de la pieza en cuestión

Modal Interchange: Chord Substitution

It had already been mentioned how to use modal interchange to achieve melodic contrasts in a composition. However, the story doesn’t end there, as we can also achieve harmonic contrasts by replacing a major chord with a minor one that is also distant from the key in question.

This is accomplished by using chords that are not part of the key but fulfill the same function of tonic, subdominant, and dominant. The following table shows chord options that can replace the ones listed there.

Source ModeChord
MINOR TONIC
AeolianIm7
Aeolian♭IIImaj7
MINOR DOMINANT
AeolianVm7
Dorian♭VIImaj7
MINOR SUBDOMINANT
Phrygian♭IImaj7
AeolianIIm7(♭5)
AeolianIVm7
Aeolian♭VImaj7
Locrian*♭VI7
Aeolian♭VII7
Phrygian♭VIm7

For example, a C, F, C, G7 progression can be turned into C, Ab, C, Db7. In this case, the Db7 chord does not appear in the table, but it is the tritone substitute for G7. What must always be taken into account is that the melody must be compatible—meaning that minor second clashes should not be generated in order to respect consonance.

An example can be heard at the 00:50 mark of the song “Sigo aquí” by Eslabón:

The author of these lines decided to use that same song and record a cover with Erica Lux, precisely changing the previously mentioned progression: C, F, C, G7 changes to C, Ab, C, Db7. You can listen to the recording at the 00:54 mark below.

This is just a small example using a Pop song; the reader is invited to try making this change in different musical contexts. It can be done in traditional songs, as long as we make sure that the melody allows it.

Intercambio Modal: sustitución de acordes

Se había mencionado ya cómo utilizar el intercambio modal para obtener contrastes melódicos en una composición. Aquí no termina la historia ya que también podemos lograr contrastes armónicos, sustituyendo un acorde mayor por un menor y que además sea lejano a la tonalidad en cuestión.

Esto se consigue usando acordes que no son parte de la tonalidad pero que cumplen la misma función de tónica, subdominante y dominante. En la siguiente tabla se muestran opciones de acordes que pueden reemplazar a los ahí mencionados.

Modo de OrigenAcorde
TÓNICA MENOR
EólicoIm7
Eólico♭IIImaj7
DOMINANTE MENOR
EólicoVm7
Dórico♭VIImaj7
SUBDOMINANTE MENOR
Frigio♭IImaj7
EólicoIIm7(♭5)
EólicoIVm7
Eólico♭VImaj7
Locrio*♭VI7
Eólico♭VII7
Frigio♭VIm7

Por ejemplo, una progresión C, F, C, G7 se puede convertir a C, Ab, C, Db7. En este caso el acorde Db7 no aparece en tabla pero es el sustituto tritonal de G7. Lo que siempre hay que tomar en cuenta es que la melodía debe ser compatible, es decir no deben generarse choques de segunda menor para respetar la consonancia.

Un ejemplo se puede ver en el minuto 00:50 de la canción Sigo aquí de Eslabón:

Quien comparte estas líneas decidió utilizar esa misma canción y hacer un cover con Erica Lux justamente cambiando la progresión emncionada anteriormente: C, F, C, G7 que cambia a C, Ab, C, Db7. A continuación se puede escuchar la grabación en el minuto 00:54.

Este es un pequeño ejemplo usando una canción Pop, se invita al lector a probar haciendo el cambio en diferentes contextos musicales. Puede ser en canciones tradicionales siempre y cuando cuidemos que la melodía lo permita.

Cómo combatir la falta de atención de los estudiantes

En esta ocasión vamos a emitir una opinión no respaldada por papers académicos pero fundamentada en la observación de los últimos 10 años de labor docente de quien esto escribe.

Hoy los profesores y profesoras, hablo del ámbito de la educación a nivel superior pero sospecho que igual es en otros niveles, percibimos una falta de interés en asistir a clases o permanecer sentados sesiones mayores a una hora. Así como la falta de interés en la lectura de textos con contenidos relevantes a las asignaturas.

Esto puede ser por varias razones, la primera de ellas es que hoy muchas personas tenemos esa necesidad de inmediatez en la información. Así nos hemos acostumbrado por las redes sociales.

Basta saber que en promedio, una persona mira un vídeo 16 segundos máximo si son reels o 3 minutos en vídeos instruccionales de YouTube.

Eso mencionamos respecto a vídeos, en blogs escritos como el que usted lector/lectora nos hace favor de leer son todavía más pequeñas las cifras. La gente prefiere una imagen antes que palabras y eso no es un secreto, tiene que ver con la naturaleza humana.

No es extraño entonces en el contexto de la educación superior, donde invariablemente el estudiante se va a enfrentar a material escrito. La dificultad que va a percibir al leer libros o ensayos con miles de palabras.

Hemos visto también un cierto número de estudiantes que prefiere seguir la clase en línea de forma asíncrona ya que les ahorra tiempo en traslados y les evita concentrarse en una sesión presencial por más de una hora.

¿Que se puede hacer al respecto? Considerar la posibilidad de adaptarse a esta realidad, negarla y pretender someter al estudiante a permanecer sentado hasta dos horas tomando notas es poco probable que resulte en una clase exitosa.

Algunos dicen que el máximo de atención de una charla oral es de 20 minutos. Percibo que más de un colega se frotará las manos pensando en acortar la clase. Lo que recomiendan los investigadores como Bradbury (2016) es romper la clase en micro sesiones, respetando la exposición oral de 20 minutos y el tiempo restante permitir debate entre alumnos, realizar dinámicas grupales o ejercicios prácticos.

Otro elemento que quizás valga la pena destacar es la pasión. Qué tan entusiasmados nos perciben los estudiantes al hablar del tema en cuestión. Normalmente conocemos los temas de las materias que impartimos dado que es una vocación. En otros casos los tenemos que aprender desde cero, aún así conviene presentarlos de forma tal que se perciba como si lleváramos años de dominio en ellos.

Si pensamos en las famosas TED talks, que por cierto duran 18 minutos, vemos dos elementos principales en los oradores: pasión al hablar y narrativas interesantes.

Con esto último cerraremos este texto: “A la gente nos gusta escuchar historias”. Habrá situaciones muy a menudo donde es difícil plantear narrativas cautivadoras pero vale la pena hacerlo en medida de lo posible.

De Ingenuidad y Adaptación

A los 16 años uno siente una anticipación tremenda de lo que será su vida adulta, al menos eso le pasó al autor de este texto.

16 años y uno cree que grandes cosas vienen adelante. Ingennus, nacido libre o natural dice la raíz latina. Que mejor edad para ejemplificar esto. Uno pensaba que viviría componiendo y tocando música y gozando de fama y fortuna a la manera de las grandes estrellas de rock. Muchas veces pensando en trabajar en lo que más disfrutamos hacer a esa edad.

Los adultos que nos guían, llámese padre, madre, abuelos, hermanos mayores o maestros que sueltan ideas como “Los sueños son importantes pero hay que saber adaptarse a la realidad”

Generalmente la respuesta a ese concepto en la mente adolescente es “Eso a mí no me va a pasar”. Nuevamente consecuencia de la ingenuidad y del desconocimiento de los costos reales de la vida material, con mucha energía seguimos adelante con nuestras acciones para conseguir ese sueño.

Con el paso del tiempo uno se da cuenta de que las cosas no son como las imaginaba. Algunas veces son completamente opuestas a la creencia y otro tanto ni siquiera existen en realidad, esto sucede a menudo en el ámbito de la música, donde ni siquiera existe una industria estable.

En estos momentos es donde hay que recordar el consejo y ver si es posible adaptarse a la situación adversa o tal vez abandonarla y buscar otro objetivo. Recordemos el texto https://francocarlos.com/2024/07/23/la-poliactividad-del-musico-profesional/

Para el caso de quien esto escribe no fue abandonar de manera absoluta un sueño, fue adaptarlo a la realidad. Como ya hemos mencionado en el enlace arriba expuesto nos cobija una institución de educación superior con un ingreso estable y servicio médico.

Al día de hoy seguimos tocando y componiendo, la fama y fortuna de las estrellas de rock es inexistente pero también innecesaria ya que el autor de estas líneas se considera una persona feliz. Concepto que también pasamos por alto y que no es poco relevante.

Si analizamos un poco el tema de fama, vemos obedece a esta necesidad humana de sentirse visto, amado y validado. En mi experiencia y en las de los que he observado esta necesidad se satisface sin el aprecio de las multitudes, con el amor y amistad de unos cuantos es suficiente.

Desear fortuna es heredado de la lógica de capital donde el éxito económico consiste en tener una riqueza exagerada. Con tener suficiente para satisfacer las necesidades materiales de uno y su familia no hace falta más. Hay incluso un estudio que respalda este concepto https://www.lideractual.es/finanzas/un-estudio-en-109-paises-desmonta-la-idea-clasica-no-es-cuanto-ganas-sino-en-que-lugar-estas_13201

A manera de cierre diremos que no tratamos de disuadir a las juventudes de abandonar esos trabajos de ensueño. Más no está mal decir que es importante ser conscientes de la realidad que nos toca enfrentar. No es evitar riesgos es más bien calcularlos.

Taleas: ritmo cíclico y arquitectura sonora desde el Ars Nova

En la historia de la música, hay conceptos que no sólo describen una técnica, sino que revelan una forma de pensar el tiempo. Uno de ellos es la talea, un recurso fundamental en la polifonía medieval que sigue siendo sorprendentemente vigente cuando se le entiende a fondo.

¿Qué es una talea?

La talea es un patrón rítmico que se repite de manera cíclica dentro de una obra musical. No se refiere a alturas ni a melodías, sino exclusivamente a la organización de las duraciones: largas, breves, combinaciones específicas que se reiteran como un molde temporal.

Este concepto se desarrolló principalmente durante el Ars Nova (siglo XIV), un periodo clave en la evolución de la notación y la complejidad rítmica en la música occidental.

Talea y Color

Para entender su uso real, hay que considerar otro elemento complementario:

  • Talea: patrón rítmico repetitivo
  • Color: patrón melódico (sucesión de notas)

En muchas obras medievales, especialmente en el motete isorrítmico, ambos elementos coexisten pero no necesariamente tienen la misma longitud. Esto provoca un desfase estructural que genera una especie de “engranaje” musical: el ritmo y la melodía se repiten, pero no coinciden siempre en los mismos puntos.

Uso histórico

La talea fue ampliamente utilizada en los motetes isorrítmicos, donde compositores como Philippe de Vitry y Guillaume de Machaut exploraron estructuras altamente organizadas.

En este contexto, la talea suele aparecer en la voz del tenor, funcionando como una base estructural sobre la cual se desarrollan las demás voces.

Más que un recurso decorativo, la talea era una herramienta de arquitectura musical, casi matemática, que permitía construir obras de gran coherencia interna.

Aplicación práctica hoy

Aunque el término pertenece a la música medieval, su lógica sigue viva y es perfectamente aplicable en contextos contemporáneos:

1. Composición contemporánea
Utilizar ciclos rítmicos independientes de la melodía permite crear capas que evolucionan con cierta autonomía. Es especialmente útil en música minimalista, experimental o incluso en scoring.

2. Improvisación estructurada
Un intérprete puede mantener una talea interna (con acentos o duraciones específicas) mientras improvisa libremente en términos melódicos.

3. Análisis musical
Reconocer taleas en repertorio antiguo permite entender mejor la lógica constructiva de las obras, más allá de la superficie sonora.

Ejemplo conceptual (ver pieza “Dark Cabin”, abajo está la partitura)

Hay una talea de 4 valores rítmicos:

negra – corchea – 4 corchea

Y un “color” de 5 notas:

re –do#– si – la (tonalidad de Re Mayor)

Al repetirse simultáneamente, ambos ciclos se desalinean constantemente, generando combinaciones nuevas sin necesidad de añadir material. Los primeros 12 compases llevan la talea en el violin, mientras que el bajo hace funciones de acompañamiento contrapuntístico. A partir del compás 13, el bajo repite el motivo principal con que arrancara el violin.

La talea no es sólo un vestigio histórico. Es una forma de pensar el ritmo como estructura independiente, como sistema. En un mundo donde muchas veces se prioriza lo inmediato o lo intuitivo, recuperar este tipo de herramientas permite componer con mayor intención y profundidad.

En pocas palabras:

La talea es ritmo organizado en ciclos, pero también es una puerta hacia una concepción más arquitectónica del tiempo musical.


Dejamos aquí la versión grabada para tener una idea más clara de cómo suena.