Reflexiones de un profesor universitario respecto a la empleabilidad de un músico en 2026

Por Carlos Franco

¿De qué va a vivir un músico?

Hay una pregunta que, tarde o temprano, aparece en la vida de todo estudiante de música. A veces la formula un familiar preocupado, otras veces un amigo que eligió una carrera aparentemente más segura y, en ocasiones, surge de manera silenciosa cuando el propio estudiante comienza a preguntarse qué hará cuando termine la universidad.

La pregunta es sencilla: ¿de qué va a vivir un músico?

Después de años dedicados a la docencia universitaria, la investigación y la actividad musical, considero que responderla exige mucho más que enumerar las posibles salidas profesionales de un egresado. Implica revisar algunas de las ideas que tenemos sobre la educación musical, el mercado laboral y el significado mismo de ser músico.

En 2026, esta reflexión resulta particularmente pertinente. Las tecnologías digitales han transformado la producción, distribución y consumo de música; la inteligencia artificial comienza a modificar distintos procesos creativos y productivos; las plataformas permiten que un artista publique su trabajo sin depender necesariamente de una compañía discográfica, y las fronteras entre disciplinas profesionales son cada vez más permeables.

Sin embargo, hay algo que permanece: estudiar música exige tiempo, disciplina, sensibilidad, conocimiento y una enorme cantidad de trabajo. La cuestión es cómo convertir todo ese esfuerzo en una trayectoria profesional viable.

El modelo tradicional ya no es suficiente

Durante mucho tiempo, la formación musical profesional se articuló alrededor de una aspiración relativamente clara: convertirse en intérprete, compositor, director o docente. En determinadas especialidades, la trayectoria parecía conducir naturalmente hacia una orquesta, una institución educativa, una compañía artística o una carrera como solista.

Estas posibilidades siguen existiendo y algunas continúan siendo metas legítimas y deseables. El problema aparece cuando las presentamos como las únicas formas de realización profesional.

La realidad es que no todos los egresados ocuparán una plaza en una orquesta, conseguirán una posición académica o construirán una carrera como solistas. Tampoco todos desean hacerlo. Muchos músicos desarrollan su actividad profesional mediante una combinación de proyectos, contratos, clases, presentaciones, producción y trabajo independiente.

Esta diversidad no debería interpretarse automáticamente como un fracaso del sistema educativo o como una deficiencia del egresado. En muchos casos, constituye una característica estructural del trabajo musical contemporáneo.

El desafío consiste en preparar a los estudiantes para comprender esa realidad sin renunciar a la excelencia artística.

No se trata de formar músicos que se conformen con cualquier oportunidad laboral. Se trata de formar profesionales capaces de identificar oportunidades, construir proyectos y desarrollar una identidad artística que pueda sostenerse a lo largo del tiempo.

Ser un gran músico no garantiza tener trabajo

Esta afirmación puede resultar incómoda, especialmente dentro de instituciones cuya misión es formar músicos de alto nivel. Sin embargo, conviene reconocerla.

La competencia instrumental, el dominio de la teoría musical, la capacidad interpretativa y el conocimiento del repertorio son elementos fundamentales de la formación. Pero el mercado laboral no evalúa exclusivamente esas competencias.

Un músico puede tocar extraordinariamente bien y tener dificultades para encontrar trabajo. Otro, quizá menos sobresaliente en términos estrictamente interpretativos, puede desarrollar una actividad profesional estable gracias a su capacidad para enseñar, colaborar, gestionar proyectos, comunicarse con otros profesionales y responder a necesidades concretas.

Esto no significa que la calidad artística sea secundaria. Significa que la excelencia musical y la empleabilidad son dimensiones relacionadas, pero no equivalentes.

En mi experiencia, una de las tareas más importantes de la educación superior consiste precisamente en ayudar a los estudiantes a comprender esa diferencia.

La universidad no debería limitarse a formar intérpretes competentes. También tendría que contribuir a que sus egresados comprendan el entorno en el que ejercerán su profesión, reconozcan sus fortalezas y aprendan a convertir sus conocimientos en propuestas de valor.

Un músico necesita preguntarse no solamente qué sabe hacer, sino también para quién puede hacerlo, qué necesidades puede atender y de qué manera puede construir una relación profesional sostenible alrededor de su trabajo.

El músico del siglo XXI: una profesión, múltiples competencias

Imaginemos a un egresado de una licenciatura en música. Domina su instrumento, conoce los fundamentos de la armonía, puede leer partituras y tiene experiencia interpretativa.

¿Son suficientes estas competencias?

Depende de la trayectoria que desee construir. Pero, en términos generales, conviene que su formación le permita desarrollar otras capacidades complementarias.

1. Competencias artísticas.

Constituyen el núcleo de la profesión. Incluyen el dominio del instrumento o la voz, la lectura musical, la interpretación, la composición, la improvisación y la comprensión del lenguaje musical. Sin una base artística sólida, las demás competencias difícilmente compensarán las limitaciones fundamentales del oficio.

2. Competencias tecnológicas.

La grabación, la edición de audio, los instrumentos virtuales, las estaciones de trabajo digital, la distribución musical y las herramientas de colaboración remota forman parte del entorno profesional contemporáneo.

No todos los músicos necesitan convertirse en ingenieros de audio. Sin embargo, comprender las tecnologías que intervienen en su actividad puede ampliar considerablemente sus posibilidades de trabajo y colaboración.

3. Competencias pedagógicas.

La enseñanza representa una salida profesional importante para muchos músicos. Pero enseñar música requiere mucho más que dominar una disciplina.

Diseñar experiencias de aprendizaje, identificar dificultades, comunicar conceptos complejos y adaptar las estrategias didácticas a diferentes estudiantes son capacidades que merecen una formación específica.

4. Competencias de gestión y emprendimiento.

Preparar un presupuesto, elaborar una propuesta artística, negociar honorarios, organizar un concierto, gestionar derechos de autor o planificar el lanzamiento de una producción son actividades que forman parte de la vida profesional de numerosos músicos.

No es necesario que cada artista se convierta en empresario. Sí es conveniente que comprenda los aspectos básicos de la gestión de su trabajo y pueda tomar decisiones informadas.

5. Competencias de comunicación y colaboración.

La capacidad para trabajar con otros, cumplir acuerdos, presentar proyectos, mantener relaciones profesionales y comunicar con claridad las propias ideas puede resultar decisiva.

La música es un arte profundamente colaborativo. En consecuencia, saber colaborar también es una competencia profesional.

Estas dimensiones no deben entenderse como una invitación a abandonar la especialización. Por el contrario, pueden ayudar a que un músico altamente especializado encuentre más formas de ejercer su profesión.

La inteligencia artificial y una nueva pregunta sobre el valor del músico

En 2026 resulta difícil reflexionar sobre la empleabilidad sin considerar la inteligencia artificial.

Las herramientas generativas pueden producir acompañamientos, sugerir progresiones armónicas, generar material sonoro, facilitar procesos de edición y participar en tareas que antes requerían una intervención humana considerable.

Esto plantea interrogantes legítimos sobre el futuro de determinadas actividades profesionales, especialmente aquellas que dependen de producir materiales estandarizados o responder a solicitudes muy específicas.

No obstante, sería un error concluir que la tecnología vuelve innecesario al músico.

La creación musical no consiste únicamente en producir sonidos. También implica tomar decisiones estéticas, interpretar contextos, construir significados, desarrollar una voz propia y establecer relaciones humanas mediante el arte.

Además, la tecnología no elimina automáticamente la necesidad de músicos capaces de evaluar sus resultados, dirigir procesos creativos, interpretar obras, trabajar con otros artistas y resolver problemas que requieren criterio especializado.

La cuestión relevante no es si debemos competir contra las máquinas en la producción de cada nota. La pregunta es qué capacidades humanas, artísticas y profesionales podemos desarrollar para trabajar en un entorno donde esas herramientas existen.

Desde esta perspectiva, la alfabetización tecnológica y la inteligencia artificial deberían incorporarse a la reflexión universitaria con sentido crítico. Es necesario conocer sus posibilidades, comprender sus limitaciones y discutir sus implicaciones éticas, económicas y autorales.

Pero también debemos evitar que el entusiasmo tecnológico nos haga olvidar lo esencial: una herramienta no sustituye por sí misma el criterio artístico de quien sabe utilizarla.

El reto educativo consiste en formar músicos que puedan aprovechar la tecnología sin depender intelectualmente de ella.

¿Debe la universidad enseñar a emprender?

Esta pregunta merece especial atención.

En ocasiones, hablar de empleabilidad conduce a una interpretación equivocada: si los egresados tienen dificultades para encontrar trabajo, deben aprender a venderse mejor o convertirse en emprendedores.

Aunque el desarrollo de competencias empresariales puede ser útil, esta respuesta resulta insuficiente si se presenta como una solución universal.

No todos los músicos tienen las mismas condiciones económicas, redes profesionales, responsabilidades familiares o posibilidades de asumir riesgos. Tampoco todos los problemas de empleabilidad se originan en las decisiones individuales.

Las oportunidades de trabajo dependen, entre otros factores, de la inversión cultural, las políticas públicas, las condiciones de contratación, la distribución de recursos y las características de las industrias creativas.

Por ello, la empleabilidad no puede plantearse exclusivamente como responsabilidad del egresado.

Las instituciones educativas también tienen una responsabilidad: revisar sus planes de estudio, establecer vínculos con el entorno profesional, promover prácticas y proyectos interdisciplinarios, facilitar el contacto con posibles empleadores y evaluar de manera sistemática las trayectorias de sus graduados.

En otras palabras, no basta con decirle al estudiante que emprenda. Es necesario proporcionarle herramientas para hacerlo y, al mismo tiempo, contribuir a construir condiciones que permitan el desarrollo de la actividad artística.

Una universidad comprometida con sus estudiantes debe procurar que la formación profesional no termine el día de la graduación.

La importancia de construir un perfil propio

Una de las ventajas de la formación musical es que permite desarrollar combinaciones de conocimientos y habilidades que no siempre siguen trayectorias convencionales.

Un instrumentista puede especializarse en interpretación y, al mismo tiempo, desarrollar competencias en producción musical. Un compositor puede trabajar en música para medios audiovisuales. Un cantante puede combinar su actividad escénica con la enseñanza y la creación de contenidos educativos. Un músico interesado en la tecnología puede participar en proyectos de investigación, desarrollo de herramientas digitales o diseño de experiencias sonoras.

Las posibilidades dependen de la preparación, los intereses personales y las oportunidades disponibles.

En mi propio recorrido profesional he encontrado puntos de encuentro entre la ingeniería electrónica, la música, la tecnología musical, la computación, la investigación y la docencia. Mi formación en estos campos me ha permitido participar en actividades que difícilmente podrían describirse mediante una sola categoría profesional.

No considero que esta trayectoria deba convertirse en un modelo obligatorio para otros músicos. Cada persona tiene intereses y capacidades diferentes. Sin embargo, sí ilustra una idea que considero importante: la identidad profesional no tiene por qué limitarse a una sola etiqueta.

Un músico puede ser intérprete, investigador, docente, productor o desarrollador de tecnología. Puede combinar algunas de estas actividades o concentrarse en una sola.

Lo importante es que la combinación tenga sentido, responda a intereses genuinos y permita construir una vida profesional viable.

La interdisciplinariedad no debe entenderse como una dispersión permanente. También puede ser una forma de especialización: la capacidad de resolver problemas que requieren conocimientos procedentes de diferentes campos.

¿Qué debería preguntarse un estudiante de música?

Más que intentar predecir con exactitud cuáles serán los empleos disponibles dentro de cinco o diez años, considero útil que los estudiantes desarrollen la capacidad de examinar periódicamente su situación y tomar decisiones informadas.

Algunas preguntas pueden ayudar:

  • ¿Cuáles son mis fortalezas musicales y qué me distingue de otros profesionales?
  • ¿Qué actividades relacionadas con la música disfruto y cuáles estoy dispuesto a desarrollar profesionalmente?
  • ¿Qué competencias complementarias podrían ampliar mis posibilidades de trabajo?
  • ¿Conozco las condiciones económicas y laborales del campo en el que deseo desempeñarme?
  • ¿Tengo experiencia colaborando con otros músicos y profesionales?
  • ¿Sé presentar un proyecto, establecer honorarios y negociar condiciones de trabajo?
  • ¿Estoy construyendo un portafolio que permita mostrar mis capacidades?
  • ¿Qué necesito aprender durante el próximo año para acercarme a mis objetivos profesionales?

Estas preguntas no pretenden convertir la vida artística en un ejercicio permanente de cálculo económico. Su propósito es favorecer una relación más consciente entre la vocación, la preparación y las condiciones materiales de la existencia.

Vivir de la música no significa necesariamente obtener todos los ingresos de una única actividad musical. Para algunas personas, significará trabajar como intérpretes de tiempo completo. Para otras, combinar la docencia con presentaciones, producción, investigación o proyectos creativos.

No existe una sola fórmula válida para todos.

Lo que sí considero importante es que cada músico pueda tomar esas decisiones con información suficiente, sin idealizar las dificultades del oficio y sin renunciar anticipadamente a sus aspiraciones artísticas.

El problema no es solamente conseguir empleo, sino construir una vida profesional

Cuando hablamos de empleabilidad, solemos concentrarnos en la posibilidad de conseguir un puesto de trabajo. Sin embargo, esa perspectiva puede quedarse corta para una profesión en la que una parte importante de la actividad se desarrolla mediante proyectos, colaboraciones, servicios independientes y contratos temporales.

En estos casos, conviene pensar también en la capacidad de construir una trayectoria.

Esto implica desarrollar competencias, mantener actualizados los conocimientos, establecer relaciones profesionales, identificar oportunidades y aprender de la experiencia. También supone reconocer cuándo una actividad no es sostenible y cuándo resulta necesario modificar una estrategia.

La estabilidad profesional puede adoptar formas diferentes. No todos los músicos tendrán un contrato permanente, pero tampoco todos desean organizar su vida alrededor de un solo empleo.

Lo fundamental es que las decisiones profesionales permitan conciliar, en la medida de lo posible, los objetivos artísticos con las necesidades económicas y personales.

Esta reflexión tiene especial importancia para quienes estudian una carrera universitaria durante varios años y realizan una inversión considerable de tiempo y recursos en su formación.

La vocación artística merece respeto. Precisamente por eso, debemos evitar la idea de que las dificultades económicas constituyen una consecuencia inevitable de haber elegido la música.

El sacrificio puede formar parte de cualquier trayectoria profesional, pero no debería convertirse en una virtud que justifique indefinidamente la precariedad.

Una responsabilidad compartida

Como profesor universitario, considero que tenemos una responsabilidad con nuestros estudiantes que va más allá de enseñarles a tocar, componer, analizar o comprender la música.

Debemos ayudarles a reconocer la complejidad del mundo profesional en el que se incorporarán.

Esto no significa convertir las aulas en escuelas de negocios ni subordinar la formación artística a las exigencias inmediatas del mercado. Significa reconocer que la formación musical y la preparación para la vida profesional no son objetivos incompatibles.

Una buena educación universitaria debe ofrecer fundamentos artísticos sólidos, estimular el pensamiento crítico, promover la creatividad y proporcionar herramientas para comprender el entorno social, económico y tecnológico.

También debe permitir que los estudiantes experimenten, colaboren, se equivoquen y descubran intereses que quizá no habían considerado al ingresar a la universidad.

Si queremos que nuestros egresados desarrollen carreras profesionales satisfactorias, necesitamos preguntarnos con honestidad si los estamos preparando para algo más que aprobar asignaturas y obtener un título.

Necesitamos conocer sus trayectorias después de graduarse, escuchar sus experiencias y utilizar esa información para mejorar la formación que ofrecemos.

La empleabilidad no debería aparecer como una preocupación tardía, cuando el estudiante está a punto de egresar. Tendría que formar parte de una conversación continua a lo largo de su formación.

A manera de conclusión

En 2026, ser músico profesional exige desenvolverse en un entorno complejo, atravesado por transformaciones tecnológicas, nuevas formas de producción y distribución, y condiciones laborales diversas.

Ante esta realidad, sería un error afirmar que la solución consiste simplemente en tocar mejor, aprender a utilizar herramientas digitales o desarrollar habilidades comerciales. Cada uno de estos elementos puede ser importante, pero ninguno resuelve por sí solo el problema.

La empleabilidad requiere una combinación de formación artística, competencias complementarias, conocimiento del entorno y capacidad para tomar decisiones profesionales. También depende de condiciones estructurales que no están enteramente bajo el control de los músicos ni de las universidades.

Por eso, mi reflexión no es que debamos formar músicos dispuestos a hacer cualquier cosa para conseguir trabajo. Tampoco que debamos abandonar los ideales artísticos para adaptarnos a las demandas del mercado.

Mi propuesta es más sencilla, aunque sus implicaciones son profundas: debemos formar músicos capaces de ejercer su profesión con excelencia, comprender su realidad y construir alternativas para desarrollarse en ella.

La música no necesita menos artistas comprometidos. Necesita que quienes eligen este camino cuenten con mejores herramientas para sostenerlo.

Al final, quizá la pregunta más importante no sea solamente de qué va a vivir un músico.

También debemos preguntarnos qué condiciones educativas, institucionales y sociales necesitamos construir para que una persona pueda dedicar su vida a la música sin que su vocación se convierta en una condena económica.

Como profesor, investigador y músico, creo que esa es una conversación que nuestras universidades no pueden seguir posponiendo.

La escala Hexáfona

¿Que hacer si solo tienes 6 notas para una melodía? Más si estás 6 notas son de una escala sin notas tensas.

Empecemos escuchando esta pieza como ejemplo:

En la música impresionista y de vanguardia, la elección del campo escalar condiciona por completo la física del paisaje sonoro. Si las escalas diatónicas sugieren dirección y las pentatónicas evocan una simplicidad contemplativa, la escala hexáfona (o de tonos enteros) cancela los puntos de apoyo tradicionales. Al erradicar las semitonos y las quintas justas, elimina la tensión-resolución convencional V-I, sumergiéndonos en un espacio flotante, simétrico y de ingravidez armónica.

En esta nueva pieza, cuyo título rinde homenaje tanto a los célebres Jeux d’eau de Maurice Ravel como a la pureza cristalina de la risa de una niña, exploramos cómo la textura, la inversión de los acordes y la aceleración rítmica pueden moldear la tensión en un entorno sin centro tonal fijo.

1. El color de los acordes: Construcción sobre tonos enteros

Toda la arquitectura de la obra reposa sobre una selección precisa de acordes que comparten la misma simetría hexáfona, explotando la riqueza del intervalo de quinta aumentada y las disonancias suavizadas del color impresionista:

  • Caug (Do aumentado): [C – E – G#]. El acorde inicial, estático y luminoso, que abre la superficie del agua.
  • F#7(b5) (Fa sostenido séptima con quinta disminuida): [F# – A# – C – E] Aporta una densidad más compleja e inestable, manteniendo la simetría de la escala pero introduciendo una fricción cromática sutil.
  • Bbaug/F# (Si bemol aumentado en segunda inversión): [F# – Bb – D]. Un acorde que desplaza el centro del bajo hacia el tritono (F#), funcionando como la fuerza impulsora de la sección central.
  • Daug/F#(Re aumentado en primera inversión): [F# – A# – D]. Un refugio sonoro. Al aparecer tras la inestabilidad de los primeros bloques, su disposición en primera inversión alivia la densidad armónica y genera un destello de calma y calidez.

2. Estructura narrativa: Del estanque en calma al torbellino

La pieza no sigue una forma sonata ni una lógica funcional clásica; se desarrolla como una narrativa de texturas y movimientos hídricos:

I. Exposición e Inmersión

La composición inicia presentando de forma pausada los acordes en un flujo de tempo rubato: Caug, F#7(b5) y Bbaug/F#. La sensación es la de contemplar gotas de agua cayendo sobre una superficie cristalina.

Justo cuando la tensión armónica acumulada amenaza con saturar el ambiente, entra el Daug/F#. La voz del bajo en F# sirve de puente, pero la disposición amplia del acorde de Re aumentado actúa como un remanso: crea un contraste de serenidad y respiro, evocando la pausa antes de la corriente.

II. El Ostinato Fránctico: La Risa en el Agua

Llegados a la mitad de la obra, el discurso da un giro tímbrico y rítmico. Se establece un ostinato obstinado sobre el acorde Bbaug

A través de un proceso de aceleración progresiva (accelerando) y reducción rítmica, el ostinato emula el salpicado ininterrumpido de los juegos de agua. En las frecuencias agudas, breves células melódicas imitan el timbre chispeante e impredecible de la risa de una niña pequeña.

III. Retorno y Disipación

En el clímax de la aceleración rítmica, la densidad colapsa para reinsertar la secuencia armónica inicial. La agitación del ostinato se disipa lentamente en el registro grave, dejando que las últimas resonancias del acorde aumentado se extingan en el aire, como burbujas que se deshacen en la superficie.

3. Reflectores de Composición

“La armonía en la escala de tonos enteros no busca llevarnos a un destino; nos invita a habitar el trayecto.”

Al trabajar con estructuras hexáfonas, el reto del compositor consiste en evitar la monotonía que produce la ausencia de tensiones dominantes. En esta obra, el dinamismo no se logra mediante cambios de tonalidad, sino mediante:

  1. El manejo de las inversiones: Usar el Fa sostenido como nota pedal o bajo común para hilar acordes de distinta naturaleza Daug y Bbaug.
  2. El ritmo como motor armónico: Utilizar la reducción rítmica en el ostinato para dotar de energía cinética a un acorde que, de otro modo, sería puramente estático.

Melodía inspirada en Texto

En ocasiones es posible generar melodías a través de frases textuales, un ejemplo muy común sería la pieza Sensemayá de Silvestre Revueltas. El construyó toda una pieza orquestal utilizando la métrica del poema del mismo nombre del cubano Nicolás Guillén. El poema hace referencia a un ritual de raíz africana para matar a una serpiente.

Ese ejemplo es bastante sofisticado porque podemos ir a lugares mucho más comunes, tomemos como ejemplo el segundo motivo rítimco de las tradicionales Mañanitas mexicanas.

Motivo rítmico de las mañanitas

Cuatro puntillo, octavo, dos octavos y cuarto puntillo. Ese es un motivo rítimico interesante para crear una idea melódica. Podemos plantearlo a una cierta altura de notas e irlo variando y repitiendo a lo largo de dos minutos sobre un patrón de bajo que permite construir diferentes armonías encima de él.

El resultado es esta pieza que se titula Morning in the Park, haciendo referencia a el tema original y una conversación casual entre amigos.

Encuentro by Erica Lux a text piece for solo vocals

“Encuentro” stands as a testament to the idea that sophisticated musical thinking doesn’t have to be cold or distant—it can be deeply human, expressive, and catchy.

Stream the track now on SoundCloud: Erica Lux – Encuentro

In this case, Franco brings another composition performed by Lux in the style of Berio´s Sequenza III. It is a piece written for a female singer where the voice plays around singing, speaking, whispering and expanding the text by elonging or shortening some words.

This type of composition tends to be thatrical in its nature, therefore it may sound familiar to the listener, like taking it straight out of a play or a brodway musical.

El encuentro es mucho más familiar de lo que te imaginas

The encounter is much more familiar than you think.

The text has to do with the human experience of something apparently strange but somewhat experienced before in life.

Two Worlds an example of bitonality in a song

Erica Lux performs “Two Worlds”

With “Two Worlds,” Erica Lux delivers a compelling exploration of dualities, blending rich melodic sensibilities with refined theoretical craftsmanship. The track highlights her distinct approach to composition and vocal execution, standing as a standout moment in her musical repertoire.

  • Harmonic Contrast & Structure: True to its title, the song navigates contrasting tonal landscapes, drawing on bitonality—superimposing two distinct key centers simultaneously—and sophisticated voice-leading to build emotional tension.
  • Vocal Delivery: Lux’s vocal performance balances intimacy and dynamic power, bridging complex theoretical movements with accessible, soaring pop-rock melodies.
  • Production & Synergy: The track features intricate rhythmic layering and melodic basslines that interact directly with the lead vocals, creating a rich, immersive texture.

“Two Worlds” bridges the gap between academic musical rigor and raw, authentic expression, showcasing Erica Lux’s unique voice in modern independent music. Listen to the track now on SoundCloud.

Here is the score for the reader to follow the music visually and have better appretiation of both keys interacting:

Bitonalidad: El Arte de la Dualidad Armónica

En entradas anteriores abordamos la riqueza del intercambio modal y la sustitución de acordes como recursos para expandir la paleta cromática dentro de un marco tonal determinado. Hoy nos adentramos en un terreno más radical e ingenioso: la bitonalidad, la capacidad de hacer convivir dos centros tonales independientes en un mismo espacio temporal.


1. ¿Qué es la Bitonalidad?

La bitonalidad ocurre cuando dos capas musicales superpuestas funcionan simultáneamente en dos tonalidades distintas sin que ninguna pierda su propia identidad ni su centro de gravedad armónico. A diferencia de la atonalidad —que busca disolver por completo la jerarquía tonal—, la bitonalidad celebra la claridad de la tonada, pero multiplicada por dos.

Compositores seminales del siglo XX como Igor Stravinsky (famoso por el acorde bitonal de Petrushka que combina Do Mayor y Fa# Mayor), Béla Bartók y Darius Milhaud utilizaron este recurso para generar tensión dramática, color orquestal y una sensación de relieve polifónico único. También podemos mencionar la suite bitonal de Manuel M. Ponce para piano.


2. Ejemplo Práctico en Notación Musical (Piano)

Aquí dejamos un ejemplo donde la mano derecha del piano ejecuta una tonalidad de fa sostenido y la izquierda está en Do mayor, es decir la tonalidad aguda está una quinta disminuida/cuarta aumentada arriba de la tonalidad de la mano derecha. Dejamos el audio y una partitura:


3. ¿Por qué funciona este choque armónico?

A simple vista, superponer Do Mayor y Fa sostenido Mayor podría parecer una receta para el caos disonante. Sin embargo, funciona gracias a dos principios clave:

  1. La Distancia del Tritono: Las tonalidades de Do Mayor y Fa sostenido Mayor se encuentran exactamente a una distancia de tritono (tres tonos enteros), el punto más lejano posible dentro del círculo de quintas. Esta máxima separación evita que los oídos asimilen una tonalidad dentro de la otra, manteniendo ambas capas perfectamente independientes.
  2. Independencia Registral: Al mantener la mano derecha en un registro medio/agudo y la mano izquierda en el grave, los choques de intervalos armónicos no se enturbian, permitiendo que cada voz conserve su claridad contrapuntística.

Consejo de Composición:
Al experimentar con la bitonalidad, no busques resolver las disonancias entre ambas capas. La clave radica en la coherencia interna de cada línea por separado. Si la mano derecha suena melódica por sí sola y la izquierda mantiene una lógica armónica sólida, el oído abrazará la fricción entre ambas como un color expresivo enriquecedor.

Postales de Los Ángeles: Entre el glamour inalcanzable, la sazón de la calle y las estrellas

Viajar a Los Ángeles es enfrentarse constante y fascinantemente a un juego de contrastes. Es una ciudad donde el lujo más estrafalario convive pared con pared con la calidez del trabajo diario, y donde el verdadero espectáculo muchas veces ocurre lejos de las pantallas de cine. En este recorrido por cuatro de sus rincones más emblemáticos, les comparto cómo se vive la experiencia desde la mirada del viajero curioso.

1. Hollywood Boulevard: Pisar la fama y saborear la calle

Hollywood Boulevard es, ante todo, un lugar para curiosear. Caminar por sus banquetas implica ir esquivando turistas mientras miras hacia el suelo buscando nombres conocidos en las famosas estrellas del Paseo de la Fama. Entre tiendas repleta de recuerdos, figurillas doradas del Oscar de plástico y recuerditos de todo tipo, la avenida respira un bullicio constante.

Pero el verdadero toque auténtico de la visita no está en las tiendas de souvenirs, sino en la calle. Al caer la tarde, el aroma de la comida te guía directo hacia un camión de comida atendido por paisanos mexicanos. Nada supera la experiencia de pedir un clásico hot dog envuelto en tocino, preparado al momento y servido con todo su cilantro y cebolla asada. En medio del brillo hollywoodense, ese bocado te reconecta de inmediato con el sazón, la amabilidad y la esencia del mexicano.

2. Rodeo Drive: La vitrina del lujo astronómico

A pocos minutos de ahí, el escenario cambia drásticamente. Rodeo Drive ofrece un interesante paseo por el corazón de la opulencia. Aquí la dinámica no es comprar, sino merodear y admirar las vitrinas de las marcas más exclusivas del mundo.

Es imposible caminar entre sus impecables aceras sin que te asalte el asombro o una risa incrédula al ver los precios. Contemplar un reloj Santos de Cartier exhibido con elegancia te hace preguntarte inevitablemente: ¿quién será capaz de invertir más de un millón de pesos en un reloj? En Rodeo Drive, la moda se convierte en una galería de arte inalcanzable para el peatón común, pero curiosa de atestiguar.

3. Beverly Hills: La ilusión de las celebridades

Continuando por el vecindario, Beverly Hills nos recibe con su emblemático letrero, una postal clásica que parece rescatada directamente del pasado. Sus avenidas arboladas y calles infinitas albergan algunas de las propiedades más costosas del planeta.

Sin embargo, para el visitante que sueña con ver de cerca la vida de las celebridades, la realidad es bastante más sobria: lo único que alcanzas a apreciar desde la calle son imponentes casetas de vigilancia, altas rejas y enormes bardas cubiertas de plantas espesas diseñadas para blindar la privacidad de sus famosos dueños. Aun así, recorrer sus calles tiene un encanto singular, ver casas de súper lujo a pie de calle que en México solo podrían existir al interior de un fraccionamiento o convertidas en embajadas en Lomas de Chapultepec.

4. El Observatorio Griffith: La mejor recompensa en lo alto de la colina

Para cerrar con broche de oro, la cita obligada es en el Observatorio Griffith. La aventura comienza desde la llegada: dejas el auto estacionado en una calle con declive bastante pronunciado y, tras pagar los 40 dólares de estacionamiento, te espera una caminata cuesta arriba de unos 200 metros hasta llegar al imponente edificio situado en la cumbre.

A pesar del esfuerzo físico y la pendiente, vale totalmente la pena.

El edificio en sí es una joya arquitectónica. En su interior te recibe el impresionante péndulo de Foucault, cuya oscilación constante te demuestra en vivo la rotación de la Tierra, un espectáculo hipnotizante tanto para niños como para adultos. Además, su planetario ofrece una experiencia inmersiva fascinante sobre el cosmos. Y cuando sales a las terrazas, te encuentras con la recompensa final: una vista panorámica e inolvidable de toda la cuenca de Los Ángeles perdiéndose en el horizonte. Además con algunos telescopios te dejan mirar la luna, Venus y alguna que otra estrella.

Un Día entre Océano, Cine y Realidad: Mi Paso por las Playas de Los Ángeles

Visitar Los Ángeles siempre viene cargado de expectativas cinematográficas, pero la realidad tiene sus propios matices. En mi reciente viaje me enfoqué en la costa, donde el pacífico te recibe con una combinación curiosa: un mar verdaderamente frío, pero bajo un clima cálido y soleado que invita a quedarse.

Decidí visitar dos playas emblemáticas y el contraste entre ambas no pudo ser mayor.

1. Santa Mónica: Entre la Luces del Muelle y la Nostalgia del Cine

Santa Mónica es, sin duda, la cara más mediática de LA. El icónico muelle con sus luces, la feria y la mítica montaña rusa valen totalmente la pena para sentarte a ver el paisaje y sentir la vibra angelina.

Sin embargo, hay un choque inevitable de expectativa contra realidad: el famoso andador de patinadores. Creces viéndolo en las películas como un lugar vibrante, lleno de energía y glamour retro, pero en persona resulta ser un escenario bastante más sobrio, incluso algo triste. Aún así, pasear por el muelle sigue siendo una parada obligada para palpar el ritmo de la ciudad.

2. El Matador Beach en Malibú: Naturaleza Imponente

Si Santa Mónica es el bullicio urbano, El Matador Beach en Malibú es todo lo contrario: pura naturaleza dramática.

Las rocas en El Matador

Ubicada a las faldas de una barranca, el acceso exige descender hacia una franja de arena custodiada por enormes formaciones rocosas que emergen del agua. Las rocas gigantes interrumpiendo el golpe del oleaje crean un paisaje visualmente impresionante y perfecto si buscas una experiencia costera más salvaje y fotogénica.

Veredicto: Si tienes poco tiempo, Los Ángeles te obliga a elegir. Pero combinar la energía popular de Santa Mónica con el paisaje imponente de Malibú te da una radiografía completa de lo que la costa californiana realmente es (sin filtros de película).

La progresión con acorde disminuido, un ejemplo beethoveniano

Una de las mayores enseñanzas que deja Beethoven es que la armonía no consiste únicamente en encadenar acordes “correctos”, sino en conducir las voces de manera convincente. Un fantástico ejemplo aparece en el compás 4 del primer movimiento de la Sonata para piano n.º 14, Op. 27 n.º 2 (“Claro de Luna”).

A primera vista, la sucesión de acordes parece inusual:

G♯sus4 → B♯°/F♯ → C♯m

Muchos músicos podrían interpretar el segundo acorde como Cdim/G♭, ya que es enarmónicamente equivalente. Sin embargo, Beethoven lo escribe como B♯ disminuido, y esa decisión no es un simple detalle ortográfico: revela su verdadera función armónica.

El acorde suspendido

La progresión comienza con G♯sus4, el acorde dominante con la tercera sustituida por la cuarta.

En términos funcionales:

G♯sus4 = Vsus4

La expectativa natural sería resolver inmediatamente a G♯7 y después a C♯ menor.

G♯sus4 → G♯7 → C♯m

Pero Beethoven evita la resolución directa.

El acorde de sensible

En lugar de resolver el acorde suspendido, introduce un acorde disminuido:

B♯°/F♯

Este acorde cumple la función de acorde de sensible (vii°⁶) de C♯ menor.

Su construcción es:

  • B♯ (sensible)
  • D♯
  • F♯

Es importante notar que escribir B♯ en lugar de C permite comprender inmediatamente su función: la nota tiende naturalmente a ascender hacia C♯, la tónica.

La conducción de voces

La verdadera belleza del pasaje no está en el nombre de los acordes, sino en el movimiento de cada voz.

VozMovimiento
B♯C♯
D♯E
F♯G♯

Cada nota avanza por grado conjunto hacia una nota del acorde de tónica.

Esta economía de movimiento produce una resolución extremadamente suave y expresiva.

¿Es una progresión común?

Si observamos únicamente los cifrados

G♯sus4 → Cdim/G♭ → C♯m

la progresión parece poco habitual.

Sin embargo, entendiendo el contexto tonal y escribiendo correctamente el acorde como B♯°/F♯, se convierte en un procedimiento perfectamente coherente dentro del lenguaje armónico clásico.

Más aún, constituye un excelente ejemplo de cómo Beethoven privilegia la función armónica y la conducción de voces sobre la apariencia superficial de los acordes.

Una lección para compositores

Con frecuencia buscamos acordes “originales” para enriquecer una progresión. Beethoven demuestra que la expresividad no depende necesariamente de utilizar acordes exóticos, sino de la manera en que las voces se desplazan entre ellos.

Un acorde disminuido colocado en el momento adecuado puede generar mucha más tensión que una cadena de acordes complejos.

Quizá esa sea una de las lecciones más importantes del Claro de Luna: la emoción nace del movimiento interno de la armonía, no de la cantidad de alteraciones escritas en el cifrado.

La progresión en los primeros 21 compases

Si revisamos los acordes en la primera parte observamos algunos datos interesantes, veamos la figura abajo:

C#m | C#m/B | A | D#7 |
G#7 | C#m/G# | G#sus4 | B#°/F# |
C#m/E | G#7/B# | C#m | F#m |
E/B | B7 | E | Em |
Emb9 | C | Em6 | G#7/B# |
Bm | C#°/E | Bm/F# | F# | B

Los acordes uno a uno tienen la función que a la derecha se menciona:

AcordeFunción
C#mi
C#m/Bi⁴₂ (tónica con séptima en tercera inversión) o simplemente tónica con bajo descendente
AVI
D#7V⁷/V (dominante de G#)
G#7V⁷
C#m/G#i⁶₄ (tónica sobre la dominante)
G#sus4Vsus4
B#°/F#vii°⁶/i (acorde de sensible en primera inversión)
C#m/Ei⁶
G#7/B#V⁶₅
C#mi
F#miv
E/BIII⁶₄
B7V⁷/III

De aquí vemos como hay una modulación hacia Mi mayor:

AcordeFunción
EI
Emi (cambio modal: Mi menor)
Emb9i(add♭9) (color expresivo)
CVI
Em/Gi⁶3
G#9/A#V9 de C#m (grado conjunto para modular a Bm)

Finalmente se mueve a Si menor en estos últimos acordes:

AcordeFunción
Bmi
C#°/Eii°⁶
Bm/F#i⁶₄
F#V
BI (si decides terminar en mayor, es una tercera de Picardía) o V/IV si la pieza continúa.

Evidentemente sabemos que la pieza continúa pero no es intención agotar el tema en este texto, en este punto se dará cuenta el lector de la riqueza armónica de la pieza en cuestión

Modal Interchange: Chord Substitution

It had already been mentioned how to use modal interchange to achieve melodic contrasts in a composition. However, the story doesn’t end there, as we can also achieve harmonic contrasts by replacing a major chord with a minor one that is also distant from the key in question.

This is accomplished by using chords that are not part of the key but fulfill the same function of tonic, subdominant, and dominant. The following table shows chord options that can replace the ones listed there.

Source ModeChord
MINOR TONIC
AeolianIm7
Aeolian♭IIImaj7
MINOR DOMINANT
AeolianVm7
Dorian♭VIImaj7
MINOR SUBDOMINANT
Phrygian♭IImaj7
AeolianIIm7(♭5)
AeolianIVm7
Aeolian♭VImaj7
Locrian*♭VI7
Aeolian♭VII7
Phrygian♭VIm7

For example, a C, F, C, G7 progression can be turned into C, Ab, C, Db7. In this case, the Db7 chord does not appear in the table, but it is the tritone substitute for G7. What must always be taken into account is that the melody must be compatible—meaning that minor second clashes should not be generated in order to respect consonance.

An example can be heard at the 00:50 mark of the song “Sigo aquí” by Eslabón:

The author of these lines decided to use that same song and record a cover with Erica Lux, precisely changing the previously mentioned progression: C, F, C, G7 changes to C, Ab, C, Db7. You can listen to the recording at the 00:54 mark below.

This is just a small example using a Pop song; the reader is invited to try making this change in different musical contexts. It can be done in traditional songs, as long as we make sure that the melody allows it.