
En Eslabón siempre hablamos de música, amistad y dinero, pero casi nunca hablamos de nosotros mismos. No por misterio, sino por pudor. Porque a veces…
Carlos Franco y su lado no lineal

En Eslabón siempre hablamos de música, amistad y dinero, pero casi nunca hablamos de nosotros mismos. No por misterio, sino por pudor. Porque a veces…
Carlos Franco y su lado no lineal

Por Erica Lux Hay algo profundamente seductor en ver a una banda que no necesita demostrar nada. No buscan likes, no persiguen tendencias, no están …
Long Play: el tiempo no pasa cuando el rock sigue vivo
A los 16 años uno siente una anticipación tremenda de lo que será su vida adulta, al menos eso le pasó al autor de este texto.
16 años y uno cree que grandes cosas vienen adelante. Ingennus, nacido libre o natural dice la raíz latina. Que mejor edad para ejemplificar esto. Uno pensaba que viviría componiendo y tocando música y gozando de fama y fortuna a la manera de las grandes estrellas de rock. Muchas veces pensando en trabajar en lo que más disfrutamos hacer a esa edad.
Los adultos que nos guían, llámese padre, madre, abuelos, hermanos mayores o maestros que sueltan ideas como “Los sueños son importantes pero hay que saber adaptarse a la realidad”
Generalmente la respuesta a ese concepto en la mente adolescente es “Eso a mí no me va a pasar”. Nuevamente consecuencia de la ingenuidad y del desconocimiento de los costos reales de la vida material, con mucha energía seguimos adelante con nuestras acciones para conseguir ese sueño.
Con el paso del tiempo uno se da cuenta de que las cosas no son como las imaginaba. Algunas veces son completamente opuestas a la creencia y otro tanto ni siquiera existen en realidad, esto sucede a menudo en el ámbito de la música, donde ni siquiera existe una industria estable.
En estos momentos es donde hay que recordar el consejo y ver si es posible adaptarse a la situación adversa o tal vez abandonarla y buscar otro objetivo. Recordemos el texto https://francocarlos.com/2024/07/23/la-poliactividad-del-musico-profesional/
Para el caso de quien esto escribe no fue abandonar de manera absoluta un sueño, fue adaptarlo a la realidad. Como ya hemos mencionado en el enlace arriba expuesto nos cobija una institución de educación superior con un ingreso estable y servicio médico.
Al día de hoy seguimos tocando y componiendo, la fama y fortuna de las estrellas de rock es inexistente pero también innecesaria ya que el autor de estas líneas se considera una persona feliz. Concepto que también pasamos por alto y que no es poco relevante.
Si analizamos un poco el tema de fama, vemos obedece a esta necesidad humana de sentirse visto, amado y validado. En mi experiencia y en las de los que he observado esta necesidad se satisface sin el aprecio de las multitudes, con el amor y amistad de unos cuantos es suficiente.
Desear fortuna es heredado de la lógica de capital donde el éxito económico consiste en tener una riqueza exagerada. Con tener suficiente para satisfacer las necesidades materiales de uno y su familia no hace falta más. Hay incluso un estudio que respalda este concepto https://www.lideractual.es/finanzas/un-estudio-en-109-paises-desmonta-la-idea-clasica-no-es-cuanto-ganas-sino-en-que-lugar-estas_13201
A manera de cierre diremos que no tratamos de disuadir a las juventudes de abandonar esos trabajos de ensueño. Más no está mal decir que es importante ser conscientes de la realidad que nos toca enfrentar. No es evitar riesgos es más bien calcularlos.
En la historia de la música, hay conceptos que no sólo describen una técnica, sino que revelan una forma de pensar el tiempo. Uno de ellos es la talea, un recurso fundamental en la polifonía medieval que sigue siendo sorprendentemente vigente cuando se le entiende a fondo.
La talea es un patrón rítmico que se repite de manera cíclica dentro de una obra musical. No se refiere a alturas ni a melodías, sino exclusivamente a la organización de las duraciones: largas, breves, combinaciones específicas que se reiteran como un molde temporal.
Este concepto se desarrolló principalmente durante el Ars Nova (siglo XIV), un periodo clave en la evolución de la notación y la complejidad rítmica en la música occidental.
Para entender su uso real, hay que considerar otro elemento complementario:
En muchas obras medievales, especialmente en el motete isorrítmico, ambos elementos coexisten pero no necesariamente tienen la misma longitud. Esto provoca un desfase estructural que genera una especie de “engranaje” musical: el ritmo y la melodía se repiten, pero no coinciden siempre en los mismos puntos.
La talea fue ampliamente utilizada en los motetes isorrítmicos, donde compositores como Philippe de Vitry y Guillaume de Machaut exploraron estructuras altamente organizadas.
En este contexto, la talea suele aparecer en la voz del tenor, funcionando como una base estructural sobre la cual se desarrollan las demás voces.
Más que un recurso decorativo, la talea era una herramienta de arquitectura musical, casi matemática, que permitía construir obras de gran coherencia interna.
Aunque el término pertenece a la música medieval, su lógica sigue viva y es perfectamente aplicable en contextos contemporáneos:
1. Composición contemporánea
Utilizar ciclos rítmicos independientes de la melodía permite crear capas que evolucionan con cierta autonomía. Es especialmente útil en música minimalista, experimental o incluso en scoring.
2. Improvisación estructurada
Un intérprete puede mantener una talea interna (con acentos o duraciones específicas) mientras improvisa libremente en términos melódicos.
3. Análisis musical
Reconocer taleas en repertorio antiguo permite entender mejor la lógica constructiva de las obras, más allá de la superficie sonora.
Hay una talea de 4 valores rítmicos:
negra – corchea – 4 corchea
Y un “color” de 5 notas:
re –do#– si – la (tonalidad de Re Mayor)
Al repetirse simultáneamente, ambos ciclos se desalinean constantemente, generando combinaciones nuevas sin necesidad de añadir material. Los primeros 12 compases llevan la talea en el violin, mientras que el bajo hace funciones de acompañamiento contrapuntístico. A partir del compás 13, el bajo repite el motivo principal con que arrancara el violin.
La talea no es sólo un vestigio histórico. Es una forma de pensar el ritmo como estructura independiente, como sistema. En un mundo donde muchas veces se prioriza lo inmediato o lo intuitivo, recuperar este tipo de herramientas permite componer con mayor intención y profundidad.
En pocas palabras:
La talea es ritmo organizado en ciclos, pero también es una puerta hacia una concepción más arquitectónica del tiempo musical.
Dejamos aquí la versión grabada para tener una idea más clara de cómo suena.
Presentación en dos registros
Hay nombres que organizan la agenda y nombres que afinan la voz. Uno abre la puerta del correo, el otro enciende la luz del estudio. No son rivales; son modos distintos de estar en el mundo.
La doble costura de la vida cotidiana y la escena
En la mañana atiendo oficios, respondo mensajes y sostengo compromisos. En la noche me pruebo una frase, un gesto, un color que me devuelve otra postura. No es ocultamiento: es cuidado. Elegir dónde y cuándo mostrar cada faceta es una forma de proteger lo que importa sin renunciar a lo que me alimenta.
Rituales que anclan
Antes de salir al ensayo respiro tres veces, digo una palabra que me pertenece y ajusto un detalle que me recuerda quién soy. Ese pequeño rito no es teatralidad vana; es un puente entre la responsabilidad y la libertad. La música, la ropa, el gesto: todo se vuelve herramienta para sostener una presencia más amplia.
Discreción como estrategia creativa
La prudencia no es silencio por miedo; es una decisión política y práctica. Hay pactos con quienes me rodean, límites claros y una palabra que detiene la escena si hace falta. Con esos acuerdos, la creatividad puede crecer sin poner en riesgo lo construido en otros ámbitos.
Lo que se gana al integrar
Permitir que distintas voces convivan me hace más coherente y más potente. La tensión interna baja, la energía creativa sube y la música encuentra matices que antes no estaban. Ser plural no me fragmenta: me da más paleta para pintar.
Cierre
Si me cruzas en la calle quizá me veas con la seriedad del día; si me encuentras en el estudio, quizá me reconozcas por el brillo en la voz. Son registros distintos de la misma presencia. Bienvenidos ambos.
La pregunta ronda cada vez más los pasillos de las secundarias y las cenas familiares: ¿Sigue siendo la universidad el “boleto dorado” al éxito? Hace 40 años, un título era sinónimo de estabilidad. Hoy, en un mundo donde una mujer veinteañera con una cámara puede ganar más que un cirujano y las IA redactan informes en segundos, la respuesta es compleja. El título ya no garantiza riqueza, pero las aulas siguen llenas.
Aquí analizamos las razones por las cuales el sistema universitario sigue siendo importante en nuestra sociedad, incluso cuando su promesa original parece estar rota.
Para las empresas, el diploma no siempre es una prueba de conocimiento técnico, sino un filtro de carácter. Terminar una carrera demuestra que tienes la disciplina para completar un proyecto complejo durante años. Es una señal (Spence,1973) que reduce el riesgo para el empleador: “Si pudo con conceptos complejos sujetos a el rigor académico, probablemente podrá con este puesto”.
Este punto aplica principalmente a las universidades privadas de renombre. A menudo, lo que pagas no es la clase de las 8:00 AM, sino la red de contactos que construyes. Los compañeros de banca hoy serán los socios, clientes o directivos de mañana. El famoso “no es qué sabes, sino a quién conoces” sigue siendo la moneda de cambio más fuerte en algunos sectores del mercado laboral (Barragán-Perea, 2022)
Es cierto que el título ya no garantiza un “techo” de ingresos ilimitados, pero estadísticamente sigue elevando el piso. En tiempos de crisis económica, los profesionales con estudios superiores mantienen tasas de desempleo significativamente menores. No te asegura ser rico, pero funciona como un seguro contra la precariedad extrema. De acuerdo con datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO,2022)
La universidad es, para muchos, el “laboratorio de la adultez”. Es el espacio donde se desarrolla el pensamiento crítico, la capacidad de debate y la gestión del tiempo. Además de la empatía, manejo de emociones y trabajo en equipo. Estas habilidades son difíciles de replicar en cursos online rápidos y son precisamente las que la IA todavía no puede automatizar. (British Council, 20225)
No podemos ignorar el peso de la tradición. Existe una presión cultural enorme que dicta que “estudiar es el único camino”. Romper con esta expectativa requiere una claridad de propósito que pocos tienen a los 18 años, convirtiendo a la universidad en la opción por defecto. En países como México sigue siendo prácticamente una obligación en las familias de clase media. No hay que olvidar que la educación desde básica hasta media superior es un derecho proporcionado por el estado.
La universidad ha mutado: ya no es una garantía de éxito, sino un requisito de entrada. Ya no te asegura ganar la carrera, pero para la gran mayoría, sigue siendo lo que les permite estar en la línea de salida.
Referencias
Spence, M. (1973). Job Market Signaling. Quarterly Journal of Economics.
Barragán-Perea, Efraín Alfredo, Tarango, Javier, & González-Quiñones, Fidel. (2022). Obstáculos para la movilidad social de egresados de educación superior: la persistencia de las brechas en el acceso a oportunidades. Diálogos sobre educación. Temas actuales en investigación educativa, 13(25), 00013. Epub 27 de enero de 2023.https://doi.org/10.32870/dse.v0i25.1163
Instituto Mexicano para la competitividad 2022. https://imco.org.mx/los-trabajadores-con-licenciatura-ganan-78-mas-y-acceden-a-mejores-puestos-que-aquellos-unicamente-con-bachillerato/
Consejo Británico, 2025. https://corporate.britishcouncil.org/insights/5-soft-skills-your-organisation-needs-age-ai
Great masters often serve as references for composing—not only as an unconscious influence, but also through the direct musical analysis of their works. Here we will review the harmony of the first movement of Symphony No. 25 in G minor by the great composer from Vienna.
Above each measure the harmonic symbols are written, as if it were a song or a jazz standard from the Real Book. We can see how the G minor chord changes to second inversion in the second measure (Gm/D), then moves to C minor in first inversion (Cm/Eb), and from there arrives at its dominant, D major, also in first inversion (D/F#).
It is important to emphasize that Mozart did not actually apply triads directly in the way we would today. Modern chord symbols are used here to provide a contemporary harmonic interpretation of something that was originally composed from a contrapuntal perspective rather than from block chords. It is also worth mentioning that the instrumental voices remain in octaves and even move in parallel octaves when the harmony changes—so the reader can see that the rules of traditional harmony are frequently broken.
The triads themselves become clearer starting in measure 5 with the arpeggios of G minor (Gm), C minor (Cm), and D7 in second inversion (D7/A). The minor seventh appears in what we interpret as a D arpeggio in measure 7, with the particular feature that it lacks the tonic. The tonic appears in the second half of the measure in the horn, which simultaneously plays the notes D and C (remember that it sounds a major second lower than written).
Another interesting element is the cadential form in measures 11 and 12, which returns to the tonic, G minor. In measure 13 the main theme appears again (remember the sonata form), and in measure 25 the second theme appears, which is the relative major of the key—B-flat major (Bb). This undoubtedly casts a ray of light over the somewhat somber melody of the minor key.
The author cannot help but recall the Viennese dance heard in the opening credits of the film Amadeus.
This analysis led me to an idea for a song in which we use exactly the same harmony from the first five measures for the introduction, and from there we play a bit with chords from the key. There is a progression from Eb to Eb7 with a C# moving to D—a motion that I also use in the song’s pre-chorus.
For the chorus of the song we employ the same strategy used by Herr Mozart: moving to the relative major of the key, Bb. Even the lyrics convey a burst of joy when they say, “Look how many things can fit inside a button.” From there we repeat the structure with the introduction, verse, pre-chorus, and a chorus that repeats to close—this time, simply for the pleasure of ending in G major, with a small use of what traditional harmony teachers call the Picardy third.
The lyrics of the song were inspired by the attitude of my five-year-old daughter when she is asked to stop playing. My little one looks so absorbed in what she is doing that sometimes I feel a bit guilty interrupting her. Still, every now and then it has to happen—but play is inherent to all human beings: sometimes with dolls, and when we grow older, with sounds.
Here we leave the song to share with readers.
A menudo los grandes maestros nos son referentes para componer, no únicamente como influencia inconsciente sino directamente haciendo un análisis musical de su obra. Vamos a revisar la armonía del primer movimiento de la sinfonía No. 25 en Sol menor Gm del grande de Viena.
Arriba de cada compás se anota el cifrado armónico como si se tratara de una canción o un estándar de jazz del Real Book. Podemos ver como el acorde de sol menor cambia a segunda inversión en el segundo compás Gm/D para pasar a un Do menor en primera inversión Cm/Eb y de ahí llegar a su dominante Re mayor D. en primera inversión D/F#. Aquí hacemos hincapié que en realidad Mozart no aplica directamente las triadas como lo haríamos hoy por hoy, se utiliza el cifrado moderno para dar un sentido armónico actual a lo que en su momento se compuso desde una perspectiva contrapuntística y no de acordes en bloque. Vale la pena mencionar que las voces de los instrumentos permanecen en octavas y hacen octavas paralelas al cambiar el acorde, para que vea el lector o lectora que las reglas de la armonía tradicional se rompen frecuentemente.
Las triadas ya directamente se aprecian a aprtir del compás 5 con los arpegios de Sol menor Gm, Do menor Cm y Re7 en segunda inversión D7/A. Esa séptima menor aparece en lo que interpretamos como un arpegio de Re en el compás 7, con la característica de que no tiene tónica, la tónica aparaece en la segunda mitad del compás en el corno que hace simultáneamente las notas Re y Do (recordemos que se escucha una segunda mayor abajo de lo escrito).
El otro elemento interesante a nombrar es la forma cadencial en los compases 11 y 12 que llegan nuevamente a la tónica Sol mayor Gm. En el compás 13 vuelve a aparecer el Tema principal (la forma sonata) y en el compás 25 aparece el segundo tema que es el relativo mayor de la tonalidad, es decir: Si bemol mayor Bb, sin duda le da un haz de luz a la melodía un tanto sombría del tono menor. Quien esto escribe no puede evitar recordar el baile vienés en los créditos iniciales de la película Amadeus.
Ese análisis me llevó a una idea para una canción en donde utilizamos exactamente la misma armonía de los primeros 5 compases para la introducción, de ahí se juega un poco con acordes de la tonalidad. Hay por ahí un pase de Eb a Eb7 con una nota Do# que se mueve a Re, movimiento que un servidor también realiza en la canción en el pre-coro.
Para el coro de la canción ocupamos la misma estrategia de Herr Mozart de pasar al relativo mayor de la tonalidad Bb, incluso la lírica de una muestra de alegría al decir “Mira cuántas cosas caben en un botón”. De ahí repetimos la forma con la introducción, verso, pre-coro y un coro que se repite para cerrar, por el mero gusto en Sol mayor, un pequeño uso de lo que los profesores de armonía tradicional llaman “Tercera de Picardía”.
La letra de la canción está isnpirada en la actitud de mi hija de cinco años cuando se le pide que pare de jugar. Mi pequeña se ve tan en su elemento que a veces me siento un poco mal de interrumpirla, sin embargo de vez en cuando hay que dejarla porque el juego es inherente a todos los seres humanos, a veces con muñecas y a cuando somos mayores con sonidos. Dejamos aquí la canción para compartir con los lectores:
Gastar más de lo que se gana no es solo un problema financiero: es, sobre todo, un síntoma. Un síntoma de cómo vivimos el tiempo, el deseo, la presión social y la relación íntima que cada quien tiene con la idea de “suficiencia”. Cuando lo miramos con calma, sin culpa, aparece algo más profundo que simples números en una hoja de cálculo.
Por qué gastamos más de lo que ganamos
No suele ser por falta de inteligencia o disciplina. Hay fuerzas más sutiles en juego:
Cuando juntamos todo, gastar de más se convierte en una forma de sostener una identidad que a veces ni siquiera es la nuestra.
El costo invisible: no es el dinero, es la paz
El verdadero desgaste no está en la cuenta bancaria, sino en lo que ocurre dentro:
Vivir así es como caminar con una mochila llena de piedras: avanzas, pero cada paso pesa más de lo necesario.
Hacia una relación más sana con el dinero
No se trata de volverse austero ni de renunciar al placer. Se trata de recuperar control.
Cuando el dinero deja de ser un enemigo o un misterio, se convierte en un aliado para vivir con más intención.
Una reflexión final
Gastar más de lo que se gana no es un fracaso personal. Es una conversación pendiente entre lo que somos, lo que deseamos y lo que creemos que necesitamos para sentirnos suficientes. Resolverlo no empieza con una calculadora, sino con honestidad y respeto hacia uno mismo.
Hay prendas que no solo se usan: se habitan.
Estos pantalones de cuero son una de ellas. Se utiliza para subir a la moto o al escenario.
No son cómodos en el sentido blando de la palabra. Al contrario: ajustan, pesan, exigen presencia. Al ponérselos, el cuerpo cambia de postura casi sin pedir permiso. La espalda se endereza, las piernas se sienten más firmes, el paso se vuelve consciente. No hay abandono posible. El cuero no lo permite.
El cuero tiene memoria. Guarda el calor, el movimiento, las horas. Cada pliegue aparece donde el cuerpo insiste. No se adapta de inmediato: hay que ganárselo. Y en ese proceso ocurre algo curioso —uno empieza a sentirse más contenido, más definido. Como si el límite externo ayudara a ordenar lo interno.
No es una prenda neutra.
El cuero carga símbolos: fuerza, riesgo, deseo. Al usarlo, algo de eso se activa. No es disfraz ni provocación gratuita; es una afirmación silenciosa. Estoy aquí. Este es mi cuerpo. Esto es lo que ocupa el espacio.
Además, hay una sensación táctil difícil de describir: el roce constante, la temperatura que se regula lentamente, el sonido casi imperceptible al caminar. Todo eso mantiene al cuerpo despierto. Presente.
Estos pantalones no buscan agradar.
No piden aprobación.
Simplemente acompañan un estado.
Quizás por eso hacen sentir así: más seguro, más entero, más consciente de cada gesto. No transforman a quien los lleva, pero sí revelan algo que ya estaba ahí, esperando una forma adecuada para manifestarse.

Quién estas líneas escribe los ha usado desde hace más de 25 años. En el escenario, en la motocicleta y en la calle. Desde que tocaba en Eslabon hasta este día.
Algunos me los critican y otros tantos los halagan, al final del día son parte de una imagen elegida y mientras me agraden los seguiré vistiendo.