De Ingenuidad y Adaptación

A los 16 años uno siente una anticipación tremenda de lo que será su vida adulta, al menos eso le pasó al autor de este texto.

16 años y uno cree que grandes cosas vienen adelante. Ingennus, nacido libre o natural dice la raíz latina. Que mejor edad para ejemplificar esto. Uno pensaba que viviría componiendo y tocando música y gozando de fama y fortuna a la manera de las grandes estrellas de rock. Muchas veces pensando en trabajar en lo que más disfrutamos hacer a esa edad.

Los adultos que nos guían, llámese padre, madre, abuelos, hermanos mayores o maestros que sueltan ideas como “Los sueños son importantes pero hay que saber adaptarse a la realidad”

Generalmente la respuesta a ese concepto en la mente adolescente es “Eso a mí no me va a pasar”. Nuevamente consecuencia de la ingenuidad y del desconocimiento de los costos reales de la vida material, con mucha energía seguimos adelante con nuestras acciones para conseguir ese sueño.

Con el paso del tiempo uno se da cuenta de que las cosas no son como las imaginaba. Algunas veces son completamente opuestas a la creencia y otro tanto ni siquiera existen en realidad, esto sucede a menudo en el ámbito de la música, donde ni siquiera existe una industria estable.

En estos momentos es donde hay que recordar el consejo y ver si es posible adaptarse a la situación adversa o tal vez abandonarla y buscar otro objetivo. Recordemos el texto https://francocarlos.com/2024/07/23/la-poliactividad-del-musico-profesional/

Para el caso de quien esto escribe no fue abandonar de manera absoluta un sueño, fue adaptarlo a la realidad. Como ya hemos mencionado en el enlace arriba expuesto nos cobija una institución de educación superior con un ingreso estable y servicio médico.

Al día de hoy seguimos tocando y componiendo, la fama y fortuna de las estrellas de rock es inexistente pero también innecesaria ya que el autor de estas líneas se considera una persona feliz. Concepto que también pasamos por alto y que no es poco relevante.

Si analizamos un poco el tema de fama, vemos obedece a esta necesidad humana de sentirse visto, amado y validado. En mi experiencia y en las de los que he observado esta necesidad se satisface sin el aprecio de las multitudes, con el amor y amistad de unos cuantos es suficiente.

Desear fortuna es heredado de la lógica de capital donde el éxito económico consiste en tener una riqueza exagerada. Con tener suficiente para satisfacer las necesidades materiales de uno y su familia no hace falta más. Hay incluso un estudio que respalda este concepto https://www.lideractual.es/finanzas/un-estudio-en-109-paises-desmonta-la-idea-clasica-no-es-cuanto-ganas-sino-en-que-lugar-estas_13201

A manera de cierre diremos que no tratamos de disuadir a las juventudes de abandonar esos trabajos de ensueño. Más no está mal decir que es importante ser conscientes de la realidad que nos toca enfrentar. No es evitar riesgos es más bien calcularlos.

¿Por qué alguien elige ser artista sabiendo que implica una vida precaria?

Digamos la verdad: dedicarse al arte es, en muchos sentidos, una locura. Es lanzarse al mar con un bote sin remos, con la esperanza de que la corriente —si uno sabe escucharla— te lleve a algún sitio con tierra firme y algo de luz.

Pero, ¿por qué alguien lo hace? ¿Por qué, sabiendo que hay caminos más estables, más predecibles, más “seguros”, uno elige la música, la danza, la palabra, la imagen?

No es una respuesta simple, pero sí es profundamente humana.

1. Porque no hay otra opción

Ser artista no siempre es una decisión. A veces es una urgencia. Una voz interna que no se calla. Una necesidad de traducir lo que se siente en forma, en sonido, en materia. Cuando uno lo intenta dejar, la vida pierde sentido. Y entonces, incluso con miedo, vuelve.

2. Porque el arte es una forma de resistir

En un mundo saturado de ruido, prisa y fórmulas vacías, el arte se convierte en un acto de resistencia. Es decir: “esto que siento, que observo, que imagino, vale la pena ser compartido”. En ese gesto hay dignidad. Hay belleza. Y hay también una fuerza subversiva: la de quien crea sin pedir permiso.

3. Porque sí hay recompensa, aunque no sea económica

Un aplauso íntimo. Un mensaje de alguien que se sintió acompañado por una canción. Un silencio colectivo frente a una función. Un niño que dibuja después de verte pintar. Esos momentos valen. Son fugaces, sí, pero reales. Y muchos artistas viven para eso: para tocar la vida de otro, aunque sea por un segundo.

4. Porque el arte también construye comunidad

No se trata sólo de crear para uno mismo. El arte convoca. Une. Organiza. Permite que aparezca otra forma de estar juntos. Una que no se basa en el consumo o la productividad, sino en la escucha, en la vulnerabilidad, en la experiencia compartida.

5. Porque el arte da sentido

Quizá lo más poderoso: el arte da sentido. Y eso no es poca cosa. Porque el mundo puede ser muy gris, muy cruel, muy frío. Y el arte —con todas sus formas— nos recuerda que hay todavía espacios donde el alma puede respirar.

¿Implica precariedad? Sí. ¿Renuncias? Por supuesto. Pero quienes lo eligen de corazón lo saben: hay cosas más importantes que la seguridad. Como la libertad. Como la verdad. Como ese temblor que aparece cuando una obra se termina y —aunque nadie lo vea aún— uno sabe que algo esencial ha sido dicho.

¿Y tú? ¿Qué estás eligiendo sostener, aunque cueste?