Reflexiones de un profesor universitario respecto a la empleabilidad de un músico en 2026

Por Carlos Franco

¿De qué va a vivir un músico?

Hay una pregunta que, tarde o temprano, aparece en la vida de todo estudiante de música. A veces la formula un familiar preocupado, otras veces un amigo que eligió una carrera aparentemente más segura y, en ocasiones, surge de manera silenciosa cuando el propio estudiante comienza a preguntarse qué hará cuando termine la universidad.

La pregunta es sencilla: ¿de qué va a vivir un músico?

Después de años dedicados a la docencia universitaria, la investigación y la actividad musical, considero que responderla exige mucho más que enumerar las posibles salidas profesionales de un egresado. Implica revisar algunas de las ideas que tenemos sobre la educación musical, el mercado laboral y el significado mismo de ser músico.

En 2026, esta reflexión resulta particularmente pertinente. Las tecnologías digitales han transformado la producción, distribución y consumo de música; la inteligencia artificial comienza a modificar distintos procesos creativos y productivos; las plataformas permiten que un artista publique su trabajo sin depender necesariamente de una compañía discográfica, y las fronteras entre disciplinas profesionales son cada vez más permeables.

Sin embargo, hay algo que permanece: estudiar música exige tiempo, disciplina, sensibilidad, conocimiento y una enorme cantidad de trabajo. La cuestión es cómo convertir todo ese esfuerzo en una trayectoria profesional viable.

El modelo tradicional ya no es suficiente

Durante mucho tiempo, la formación musical profesional se articuló alrededor de una aspiración relativamente clara: convertirse en intérprete, compositor, director o docente. En determinadas especialidades, la trayectoria parecía conducir naturalmente hacia una orquesta, una institución educativa, una compañía artística o una carrera como solista.

Estas posibilidades siguen existiendo y algunas continúan siendo metas legítimas y deseables. El problema aparece cuando las presentamos como las únicas formas de realización profesional.

La realidad es que no todos los egresados ocuparán una plaza en una orquesta, conseguirán una posición académica o construirán una carrera como solistas. Tampoco todos desean hacerlo. Muchos músicos desarrollan su actividad profesional mediante una combinación de proyectos, contratos, clases, presentaciones, producción y trabajo independiente.

Esta diversidad no debería interpretarse automáticamente como un fracaso del sistema educativo o como una deficiencia del egresado. En muchos casos, constituye una característica estructural del trabajo musical contemporáneo.

El desafío consiste en preparar a los estudiantes para comprender esa realidad sin renunciar a la excelencia artística.

No se trata de formar músicos que se conformen con cualquier oportunidad laboral. Se trata de formar profesionales capaces de identificar oportunidades, construir proyectos y desarrollar una identidad artística que pueda sostenerse a lo largo del tiempo.

Ser un gran músico no garantiza tener trabajo

Esta afirmación puede resultar incómoda, especialmente dentro de instituciones cuya misión es formar músicos de alto nivel. Sin embargo, conviene reconocerla.

La competencia instrumental, el dominio de la teoría musical, la capacidad interpretativa y el conocimiento del repertorio son elementos fundamentales de la formación. Pero el mercado laboral no evalúa exclusivamente esas competencias.

Un músico puede tocar extraordinariamente bien y tener dificultades para encontrar trabajo. Otro, quizá menos sobresaliente en términos estrictamente interpretativos, puede desarrollar una actividad profesional estable gracias a su capacidad para enseñar, colaborar, gestionar proyectos, comunicarse con otros profesionales y responder a necesidades concretas.

Esto no significa que la calidad artística sea secundaria. Significa que la excelencia musical y la empleabilidad son dimensiones relacionadas, pero no equivalentes.

En mi experiencia, una de las tareas más importantes de la educación superior consiste precisamente en ayudar a los estudiantes a comprender esa diferencia.

La universidad no debería limitarse a formar intérpretes competentes. También tendría que contribuir a que sus egresados comprendan el entorno en el que ejercerán su profesión, reconozcan sus fortalezas y aprendan a convertir sus conocimientos en propuestas de valor.

Un músico necesita preguntarse no solamente qué sabe hacer, sino también para quién puede hacerlo, qué necesidades puede atender y de qué manera puede construir una relación profesional sostenible alrededor de su trabajo.

El músico del siglo XXI: una profesión, múltiples competencias

Imaginemos a un egresado de una licenciatura en música. Domina su instrumento, conoce los fundamentos de la armonía, puede leer partituras y tiene experiencia interpretativa.

¿Son suficientes estas competencias?

Depende de la trayectoria que desee construir. Pero, en términos generales, conviene que su formación le permita desarrollar otras capacidades complementarias.

1. Competencias artísticas.

Constituyen el núcleo de la profesión. Incluyen el dominio del instrumento o la voz, la lectura musical, la interpretación, la composición, la improvisación y la comprensión del lenguaje musical. Sin una base artística sólida, las demás competencias difícilmente compensarán las limitaciones fundamentales del oficio.

2. Competencias tecnológicas.

La grabación, la edición de audio, los instrumentos virtuales, las estaciones de trabajo digital, la distribución musical y las herramientas de colaboración remota forman parte del entorno profesional contemporáneo.

No todos los músicos necesitan convertirse en ingenieros de audio. Sin embargo, comprender las tecnologías que intervienen en su actividad puede ampliar considerablemente sus posibilidades de trabajo y colaboración.

3. Competencias pedagógicas.

La enseñanza representa una salida profesional importante para muchos músicos. Pero enseñar música requiere mucho más que dominar una disciplina.

Diseñar experiencias de aprendizaje, identificar dificultades, comunicar conceptos complejos y adaptar las estrategias didácticas a diferentes estudiantes son capacidades que merecen una formación específica.

4. Competencias de gestión y emprendimiento.

Preparar un presupuesto, elaborar una propuesta artística, negociar honorarios, organizar un concierto, gestionar derechos de autor o planificar el lanzamiento de una producción son actividades que forman parte de la vida profesional de numerosos músicos.

No es necesario que cada artista se convierta en empresario. Sí es conveniente que comprenda los aspectos básicos de la gestión de su trabajo y pueda tomar decisiones informadas.

5. Competencias de comunicación y colaboración.

La capacidad para trabajar con otros, cumplir acuerdos, presentar proyectos, mantener relaciones profesionales y comunicar con claridad las propias ideas puede resultar decisiva.

La música es un arte profundamente colaborativo. En consecuencia, saber colaborar también es una competencia profesional.

Estas dimensiones no deben entenderse como una invitación a abandonar la especialización. Por el contrario, pueden ayudar a que un músico altamente especializado encuentre más formas de ejercer su profesión.

La inteligencia artificial y una nueva pregunta sobre el valor del músico

En 2026 resulta difícil reflexionar sobre la empleabilidad sin considerar la inteligencia artificial.

Las herramientas generativas pueden producir acompañamientos, sugerir progresiones armónicas, generar material sonoro, facilitar procesos de edición y participar en tareas que antes requerían una intervención humana considerable.

Esto plantea interrogantes legítimos sobre el futuro de determinadas actividades profesionales, especialmente aquellas que dependen de producir materiales estandarizados o responder a solicitudes muy específicas.

No obstante, sería un error concluir que la tecnología vuelve innecesario al músico.

La creación musical no consiste únicamente en producir sonidos. También implica tomar decisiones estéticas, interpretar contextos, construir significados, desarrollar una voz propia y establecer relaciones humanas mediante el arte.

Además, la tecnología no elimina automáticamente la necesidad de músicos capaces de evaluar sus resultados, dirigir procesos creativos, interpretar obras, trabajar con otros artistas y resolver problemas que requieren criterio especializado.

La cuestión relevante no es si debemos competir contra las máquinas en la producción de cada nota. La pregunta es qué capacidades humanas, artísticas y profesionales podemos desarrollar para trabajar en un entorno donde esas herramientas existen.

Desde esta perspectiva, la alfabetización tecnológica y la inteligencia artificial deberían incorporarse a la reflexión universitaria con sentido crítico. Es necesario conocer sus posibilidades, comprender sus limitaciones y discutir sus implicaciones éticas, económicas y autorales.

Pero también debemos evitar que el entusiasmo tecnológico nos haga olvidar lo esencial: una herramienta no sustituye por sí misma el criterio artístico de quien sabe utilizarla.

El reto educativo consiste en formar músicos que puedan aprovechar la tecnología sin depender intelectualmente de ella.

¿Debe la universidad enseñar a emprender?

Esta pregunta merece especial atención.

En ocasiones, hablar de empleabilidad conduce a una interpretación equivocada: si los egresados tienen dificultades para encontrar trabajo, deben aprender a venderse mejor o convertirse en emprendedores.

Aunque el desarrollo de competencias empresariales puede ser útil, esta respuesta resulta insuficiente si se presenta como una solución universal.

No todos los músicos tienen las mismas condiciones económicas, redes profesionales, responsabilidades familiares o posibilidades de asumir riesgos. Tampoco todos los problemas de empleabilidad se originan en las decisiones individuales.

Las oportunidades de trabajo dependen, entre otros factores, de la inversión cultural, las políticas públicas, las condiciones de contratación, la distribución de recursos y las características de las industrias creativas.

Por ello, la empleabilidad no puede plantearse exclusivamente como responsabilidad del egresado.

Las instituciones educativas también tienen una responsabilidad: revisar sus planes de estudio, establecer vínculos con el entorno profesional, promover prácticas y proyectos interdisciplinarios, facilitar el contacto con posibles empleadores y evaluar de manera sistemática las trayectorias de sus graduados.

En otras palabras, no basta con decirle al estudiante que emprenda. Es necesario proporcionarle herramientas para hacerlo y, al mismo tiempo, contribuir a construir condiciones que permitan el desarrollo de la actividad artística.

Una universidad comprometida con sus estudiantes debe procurar que la formación profesional no termine el día de la graduación.

La importancia de construir un perfil propio

Una de las ventajas de la formación musical es que permite desarrollar combinaciones de conocimientos y habilidades que no siempre siguen trayectorias convencionales.

Un instrumentista puede especializarse en interpretación y, al mismo tiempo, desarrollar competencias en producción musical. Un compositor puede trabajar en música para medios audiovisuales. Un cantante puede combinar su actividad escénica con la enseñanza y la creación de contenidos educativos. Un músico interesado en la tecnología puede participar en proyectos de investigación, desarrollo de herramientas digitales o diseño de experiencias sonoras.

Las posibilidades dependen de la preparación, los intereses personales y las oportunidades disponibles.

En mi propio recorrido profesional he encontrado puntos de encuentro entre la ingeniería electrónica, la música, la tecnología musical, la computación, la investigación y la docencia. Mi formación en estos campos me ha permitido participar en actividades que difícilmente podrían describirse mediante una sola categoría profesional.

No considero que esta trayectoria deba convertirse en un modelo obligatorio para otros músicos. Cada persona tiene intereses y capacidades diferentes. Sin embargo, sí ilustra una idea que considero importante: la identidad profesional no tiene por qué limitarse a una sola etiqueta.

Un músico puede ser intérprete, investigador, docente, productor o desarrollador de tecnología. Puede combinar algunas de estas actividades o concentrarse en una sola.

Lo importante es que la combinación tenga sentido, responda a intereses genuinos y permita construir una vida profesional viable.

La interdisciplinariedad no debe entenderse como una dispersión permanente. También puede ser una forma de especialización: la capacidad de resolver problemas que requieren conocimientos procedentes de diferentes campos.

¿Qué debería preguntarse un estudiante de música?

Más que intentar predecir con exactitud cuáles serán los empleos disponibles dentro de cinco o diez años, considero útil que los estudiantes desarrollen la capacidad de examinar periódicamente su situación y tomar decisiones informadas.

Algunas preguntas pueden ayudar:

  • ¿Cuáles son mis fortalezas musicales y qué me distingue de otros profesionales?
  • ¿Qué actividades relacionadas con la música disfruto y cuáles estoy dispuesto a desarrollar profesionalmente?
  • ¿Qué competencias complementarias podrían ampliar mis posibilidades de trabajo?
  • ¿Conozco las condiciones económicas y laborales del campo en el que deseo desempeñarme?
  • ¿Tengo experiencia colaborando con otros músicos y profesionales?
  • ¿Sé presentar un proyecto, establecer honorarios y negociar condiciones de trabajo?
  • ¿Estoy construyendo un portafolio que permita mostrar mis capacidades?
  • ¿Qué necesito aprender durante el próximo año para acercarme a mis objetivos profesionales?

Estas preguntas no pretenden convertir la vida artística en un ejercicio permanente de cálculo económico. Su propósito es favorecer una relación más consciente entre la vocación, la preparación y las condiciones materiales de la existencia.

Vivir de la música no significa necesariamente obtener todos los ingresos de una única actividad musical. Para algunas personas, significará trabajar como intérpretes de tiempo completo. Para otras, combinar la docencia con presentaciones, producción, investigación o proyectos creativos.

No existe una sola fórmula válida para todos.

Lo que sí considero importante es que cada músico pueda tomar esas decisiones con información suficiente, sin idealizar las dificultades del oficio y sin renunciar anticipadamente a sus aspiraciones artísticas.

El problema no es solamente conseguir empleo, sino construir una vida profesional

Cuando hablamos de empleabilidad, solemos concentrarnos en la posibilidad de conseguir un puesto de trabajo. Sin embargo, esa perspectiva puede quedarse corta para una profesión en la que una parte importante de la actividad se desarrolla mediante proyectos, colaboraciones, servicios independientes y contratos temporales.

En estos casos, conviene pensar también en la capacidad de construir una trayectoria.

Esto implica desarrollar competencias, mantener actualizados los conocimientos, establecer relaciones profesionales, identificar oportunidades y aprender de la experiencia. También supone reconocer cuándo una actividad no es sostenible y cuándo resulta necesario modificar una estrategia.

La estabilidad profesional puede adoptar formas diferentes. No todos los músicos tendrán un contrato permanente, pero tampoco todos desean organizar su vida alrededor de un solo empleo.

Lo fundamental es que las decisiones profesionales permitan conciliar, en la medida de lo posible, los objetivos artísticos con las necesidades económicas y personales.

Esta reflexión tiene especial importancia para quienes estudian una carrera universitaria durante varios años y realizan una inversión considerable de tiempo y recursos en su formación.

La vocación artística merece respeto. Precisamente por eso, debemos evitar la idea de que las dificultades económicas constituyen una consecuencia inevitable de haber elegido la música.

El sacrificio puede formar parte de cualquier trayectoria profesional, pero no debería convertirse en una virtud que justifique indefinidamente la precariedad.

Una responsabilidad compartida

Como profesor universitario, considero que tenemos una responsabilidad con nuestros estudiantes que va más allá de enseñarles a tocar, componer, analizar o comprender la música.

Debemos ayudarles a reconocer la complejidad del mundo profesional en el que se incorporarán.

Esto no significa convertir las aulas en escuelas de negocios ni subordinar la formación artística a las exigencias inmediatas del mercado. Significa reconocer que la formación musical y la preparación para la vida profesional no son objetivos incompatibles.

Una buena educación universitaria debe ofrecer fundamentos artísticos sólidos, estimular el pensamiento crítico, promover la creatividad y proporcionar herramientas para comprender el entorno social, económico y tecnológico.

También debe permitir que los estudiantes experimenten, colaboren, se equivoquen y descubran intereses que quizá no habían considerado al ingresar a la universidad.

Si queremos que nuestros egresados desarrollen carreras profesionales satisfactorias, necesitamos preguntarnos con honestidad si los estamos preparando para algo más que aprobar asignaturas y obtener un título.

Necesitamos conocer sus trayectorias después de graduarse, escuchar sus experiencias y utilizar esa información para mejorar la formación que ofrecemos.

La empleabilidad no debería aparecer como una preocupación tardía, cuando el estudiante está a punto de egresar. Tendría que formar parte de una conversación continua a lo largo de su formación.

A manera de conclusión

En 2026, ser músico profesional exige desenvolverse en un entorno complejo, atravesado por transformaciones tecnológicas, nuevas formas de producción y distribución, y condiciones laborales diversas.

Ante esta realidad, sería un error afirmar que la solución consiste simplemente en tocar mejor, aprender a utilizar herramientas digitales o desarrollar habilidades comerciales. Cada uno de estos elementos puede ser importante, pero ninguno resuelve por sí solo el problema.

La empleabilidad requiere una combinación de formación artística, competencias complementarias, conocimiento del entorno y capacidad para tomar decisiones profesionales. También depende de condiciones estructurales que no están enteramente bajo el control de los músicos ni de las universidades.

Por eso, mi reflexión no es que debamos formar músicos dispuestos a hacer cualquier cosa para conseguir trabajo. Tampoco que debamos abandonar los ideales artísticos para adaptarnos a las demandas del mercado.

Mi propuesta es más sencilla, aunque sus implicaciones son profundas: debemos formar músicos capaces de ejercer su profesión con excelencia, comprender su realidad y construir alternativas para desarrollarse en ella.

La música no necesita menos artistas comprometidos. Necesita que quienes eligen este camino cuenten con mejores herramientas para sostenerlo.

Al final, quizá la pregunta más importante no sea solamente de qué va a vivir un músico.

También debemos preguntarnos qué condiciones educativas, institucionales y sociales necesitamos construir para que una persona pueda dedicar su vida a la música sin que su vocación se convierta en una condena económica.

Como profesor, investigador y músico, creo que esa es una conversación que nuestras universidades no pueden seguir posponiendo.

Usando solamente dos acordes

A veces, en la música, no queremos pasar mucho tiempo pensando en una armonía creativa. Existen dos acordes que son básicos para acompañar prácticamente cualquier melodía.

Esos acordes son la tónica I y la dominante V. Dado que este último tiende a resolver hacia el primero, esta combinación funciona siempre, y tales acordes pueden usarse durante toda una pieza formando un buen ostinato.

Como ejemplo, queremos presentar una canción pop llamada Luz del Corazón.

Analicemos la grabación para establecer un punto:

Si uno escucha con atención el teclado, éste solo se mueve de Fa a Do. El resto de la canción lo complementan la batería, la guitarra y el bajo. Sobre todo ello aparece la melodía, con letra cantada por el autor de estas líneas.

El lector podría preguntar: “¿Qué hace interesante esta canción si solo presenta dos acordes?”. En este caso, la variedad en el ritmo y en la línea melódica del bajo.

La guitarra rítmica se mueve en corcheas, y la grabación tiene un efecto sobre la guitarra que la hace perfecta en el tiempo. Por lo tanto, se convierte casi en un colchón armónico.

El bajo, por otro lado, “canta” una melodía en estilo contrapuntístico con la voz. Básicamente toca notas de los arpegios y de las escalas mayores, pero imita rítmicamente al cantante.

La melodía de la canción tiene dos partes bien definidas: A y B. Esta condición ayuda a reforzar el contraste entre melodía y armonía.

Puede ser útil para el compositor tener una progresión armónica sencilla, pero es necesario comprometerse para que suene interesante. La melodía debe encargarse de aportar variedad, al igual que los instrumentos o voces acompañantes.

Invitamos al lector a intentarlo: escriba una canción usando solamente dos acordes.

Cíclos, en la música es bueno repetir

De nuevo nos remitimos al libro de Gonzalo (Macías, 2014) “Doce maneras de abordar la composición musical”, donde en su propuesta número 5 denominda cíclos, el compositor mexicano sugiere la repetición de una idea como estrategia para componer.

En este caso vamos a hacer uso de su técnica en una pieza para piano que se puede escuchar en este enlace:

La pieza en cuestión se denomina Cíclos, se construye sobre cuatro ideas que mostramos en las siguientes imágenes:

Patrón 1 en pieza cíclos
Patrón 1 a repetir.

Ese primer patrón será el que formará el primer ciclo al reptirse por 4 ocasiones. Se puede consultar la partitura, para verificar lo aquí expiesto y por supuesto pueden tocarla si algún ocioso u osicosa lo desea.

De ahí tenemos un segundo motivo, descrito en la imagen abajo, que se repite también 4 veces. A partir del compás 17 reaparece elprimer patrón con una variación de notas.

Patrón 2 que aparece en la pieza.

Ese patrón 1 realiza seis ciclos para dar paso a un nuevo patrón que únicamente muestra un grupo de dieciseisavos en el primer tiempo. Se muestra en la figura abajo.

Patrón 3 en la pieza

Ese ciclo ocurre cinco veces, las últimas dos de ellas involucra un acorde en el último y primer tiempo de los compases 33 y 34 respectivamente. Ya para cerrar la composición, en los compases 37 al 39 re aparecen los patrones 1 y 2, a manera de despedida para finalemnte presentar un tradicional V-I para finalizar la pieza.

La rítmica fue inspirada por Kashmir de Zeppelin, por lo menos ese grupo de dieciseisavos que aprace en los tiempos 1 en los compases.

Cycles, Repeating in Music is fine.

Once again we turn to Gonzalo Macías’s book Twelve Ways to Approach Musical Composition (Macías, 2014). In proposal number 5, titled “Cycles,” the Mexican composer suggests using the repetition of an idea as a compositional strategy.

In this case, we will apply his technique in a piano piece that can be heard at the following link:

La pieza en cuestión se denomina Cíclos, se construye sobre cuatro ideas que mostramos en las siguientes imágenes:

Patrón 1 en pieza cíclos
Pattern 1

This first pattern is the one that forms the first cycle, as it is repeated four times. You can consult the score to verify what is explained here, and of course you may play it if any curious soul feels like it.

From there we have a second motif, shown in the image below, which is also repeated 4 times. Starting at measure 17, the first pattern reappears with a variation in the notes.

Pattern 2 appears in second place

Pattern 1 goes through six cycles before giving way to a new pattern that presents only a group of sixteenth notes on the first beat. It is shown in the figure below.

Pattern 3 the closure motif

This cycle occurs five times, and in the last two of them it includes a chord on the last beat of measure 33 and the first beat of measure 34. To close the composition, in measures 37 to 39 patterns 1 and 2 reappear as a kind of farewell, finally leading into a traditional V–I to end the piece.

The rhythmic idea was inspired by Zeppelin’s “Kashmir,” at least that group of sixteenth notes that appears on beat 1 in the measures.

Tension and Release

A common way in which composition makes use of movements of tension and release is through the interplay between minor and major chords. In the composition shown below, we aim to provide an example of this.

Measures 1 through 6 play between the chords D minor and C-sharp minor. In fact, these are two minor chords a second apart, a relationship that sounds somewhat dark on its own.

The sense of calm appears in measure 9, where the theme previously presented with D minor and C-sharp minor becomes D minor and E major with a sixth. The latter chord closely resembles C-sharp minor, except for its B in the fifth, which makes the change subtle.

The brightness in the piece arrives at measure 12, where, with a simple change from F natural to F-sharp, we move from D minor to D major. Instead of shifting to E6, it moves toward an E major triad, giving the piece a touch of major-mode conventionality — something any grandmother would enjoy.

Finally, since we’re already on an E major chord, it resolves naturally to E major 7, which ultimately functions as the dominant resolving to its tonic in A major.

Here we include the audio so you can listen to it.

Regiones Tonales: Ejemplo con pieza para piano.

Me interesa compartir el tema de las regiones tonales, en este caso lo aplicaremos a una composición de un servidor para piano solo. En su libro “Funciones Estructurales de la Armonía”, el notable compositor Arnold Schönberg muestra que realmente no hay cambio de tonalidad en una composición a menos que la modulación a la nueva tonalidad sea por un tiempo considerable o por el resto de la pieza musical.

El autor plantea que uno puede moverse en diferentes regiones tonales algunas más cercanas a otras de aceurdo con este “mapa”:

“Mapa de Regiones tonales de Schönberg”

La pieza que a continuación palnteamos se puede escuchar en el enlace abajo:

En esa pieza tenemos una carcaterística constante: El bajo obstinado en Fa en la mano izquierda del piano. De ahí poedmos observar lo siguiente como se muestra en la partitura:

Como vemos en el tercer compás la pieza ca en Fm a través de una Np6 (sexta napolitana) en el segundo compás. En el 6o compás vuelve el F sin mayor anuncio para que a través del C7 (V7) vuelva a menor en el octavo compás.

Por ahí en el compás 10 aparece Ab como otro acorde de la tonalidad que originalmente sería Fm que de algún modo se establece al cerrar enlos compases 20 y 21 con una cadencia V7-I de C7-Fm.

En el compás 23 está una segunda parte de la pieza donde se juega con varios arpegios manteniendo el bajo continuo de la nota F, por momento haciendo hincapié en su 5a para darle cierta variación a la mano izquierda. En esta segunda parte de la pieza no ocurre cambio de región salvo la séptima que juega entre mayor y menor (E y Eb respectivamente en compases 23 y 24).

La tercera parte de la pieza es un género que por excelencia ha jugado teniendo melodías menores y acompañamientos mayores: El Blues. Si observamos en los blueses, la famosa blue note no son más que la tercera y la séptima menores de una tonalidad mayor y es lo que le da su particular carácter al género.

Finalmente dejaremos aquí la partitura por si algún lector o lectora la quiere probar en su tiempo libre, es sumamente sencilla:

Referencias

Schoenberg, Arnold “Funciones estructurales de la armonía” Idea Books 2005

Forma Sonata

Una de las formas musicales más populares durante el período clásico fue, sin duda, la forma sonata. Se trata de una estructura musical en la que aparecen dos temas que se unen mediante una sección de desarrollo. Probablemente sea la forma que dio origen a lo que hoy escuchamos en muchas canciones populares.

La sonata presenta un tema A, seguido de un tema B. Luego ambos se repiten, y le sigue una sección de desarrollo, que en una canción pop podría equivaler al llamado “puente” o “middle C”. Inmediatamente después, vuelve a aparecer el tema A, seguido nuevamente del tema B, ambos con variaciones de algún tipo: rítmicas, melódicas o armónicas.

El siguiente ejemplo es una pieza para piano que toma como referencia principal la Sonatina para piano en Fa mayor de Muzio Clementi, cuya forma se representa en la siguiente imagen:

Nuestra composición presenta una idea algo más contemporánea, en la que la transición entre el primer y el segundo tema se realiza en la mayor paralela de Fa, en lugar de Fa menor.
El desarrollo va cambiando de modo entre Re mayor y Re menor.

La reexposición se presenta en Do mayor, en lugar de La mayor, tonalidad en la que la pieza comenzó.
Nuestros lectores pueden escuchar la obra en el siguiente enlace:

Y la partitura es toda suya para probarla:

Sonata Form

A very popular musical form during the calssic period was doubtless, the Sonata form. It is a musical form were two themes appear joined together with a develepment section. It is probably the form that gave birth to what we can hear in popular songs.

The sonata presents an A theme followed by a B theme. Both parts repeat and a development section follows, a melody which in a pop song would be called the Middle C.

Immediatly afetrwards, the A theme appears again followed by the B theme, both of them presents variations of some type: rythmically, melodically or in its harmony.

The following example is a piano piece that took as main reference the Sonatina for piano in F major by Muzio Clemnti, whose form goes like shown in the image:

Our composition presents somewhat a more contemporary idea, where the transition between the 1st and 2nd themes is in the parallel major of F instead of F#m. The development goes changing mode between D an Dm.

The recapitualtion is presented in C major instead of A major where it began. Oure readers can listen to the piece on the following link:

The score, is yours to try:

Suspensiones armónicas

En la composición, hay estrategias para generar tensión resolución en melodías o armonizaciones entre dos voces. Esta relación entre tensión resolución se le conoce como suspensión armónica. Se clasifican de acuerdo con la relación que guardan las notas de tensión y resolución en relación con el bajo.

De acuerdo a dicha relación con el bajo se clasifican en:

4-3, 7-6, 9-8 o 2-3, es decir si se forma una cuarta con respecto al bajo y la melodía desciende a una tercera, en el segundo caso cuando se mueve de séptima a sexta y así sucesivamente.

Es importante considerar que, por lo general, la suspensión disonante debe tener preparación consonante y resolverse a una nota consonante. De esta manera se consigue un mejor efecto de curva en la melodía.

La otra recomendación es que la preparación previa y resolución consecuente deben ser al menos tan largas como la suspensión que queda en medio.

Dejamos aquí un ejemplo en esta pequeña pieza para guitarra acústica titulada Pasaje:

Y como es costumbre dejamos aquí la partitura para quien quiera hacer intento de tocarla

Ojalá el lector o lectora disfrute de la pieza, seguimos publicando música para el deleite de todos.

Usando el acorde disminuido en primera inversión

Es bien sabido que ocurre una inversión de acorde cuando la nota del bajo no es la fundamental de la tríada. En el caso del vii°, la nota del bajo sería la tercera del acorde. En Do mayor, el séptimo grado es Si, y sus notas serían Si, Re, Fa, por lo tanto vii° sería Re, Fa, Si.

Cuando se usa un acorde de cuatro notas duplicando la fundamental, vii° lógicamente se convierte en Re, Fa, Si con un Si extra. Tener dos notas sensibles produce la sensación de inestabilidad, por lo que normalmente se duplica la tercera en su lugar. En el ejemplo dado, vii6 se convertiría en Re, Fa, Si, Re.

La siguiente pregunta del lector probablemente sería: “¿Cuándo voy a usar vii6 (que es lo mismo que B°/D)?”

Se puede usar para cambiar I6 de vuelta a I, dando la sensación de una cadencia V-I. En la mayoría de los casos, incluso puede sustituir un acorde V4/3 (V7/D) debido a que es casi idéntico excepto por una nota.

Como hemos hecho previamente con otros conceptos musicales, dejamos un pequeño fragmento para voz y piano que ejemplifica el uso de este acorde.

El lector puede escuchar la pieza en el siguiente enlace: